En un ataque coordinado con misiles y drones, las fuerzas de Teherán impactaron la base aérea Príncipe Sultán, en Arabia Saudita, dejando un saldo de al menos 12 militares estadounidenses heridos. Según informes de inteligencia y fuentes del Pentágono, dos de los soldados se encuentran en estado de gravedad, mientras que las explosiones causaron daños severos a varios aviones de reabastecimiento de combustible, piezas vitales para la logística de defensa en la región.
Irán está jugando con fuego al atacar directamente a personal estadounidense en suelo aliado, demostrando que su desprecio por la vida humana no tiene límites. Este ataque es la continuación de una campaña de terror que ya se ha cobrado la vida de 13 militares de EE. UU. en lo que va de la contienda, incluyendo al sargento Benjamin N. Pennington.
“Irán pagará un precio alto y creciente por este crimen de guerra. A pesar de las advertencias, los disparos continúan”, sentenció el mando militar estadounidense.
La respuesta de la alianza occidental no se ha hecho esperar, ya que en una operación conjunta Israel y Estados Unidos golpearon por tercera vez en menos de dos semanas la central nuclear de Bushehr, en el sur de Irán. Aunque el director del OIEA, Rafael Grossi, ha expresado su lógica preocupación por el riesgo de un accidente radiológico, la realidad estratégica dicta que no se puede permitir que un régimen que bombardea bases aliadas mantenga intacta su infraestructura atómica.

“Ustedes mismos iniciaron el juego con fuego... esta vez la ecuación ya no será ‘ojo por ojo’; ¡Esperen!”, amenazó con cinismo Mayid Musavi, comandante de la Guardia Revolucionaria, tras los ataques que también desmantelaron las siderúrgicas de Mobarakeh y Juzestán, pilares de la economía bélica persa.
La Administración de Donald Trump ha puesto sobre la mesa un plan de paz de 15 puntos, utilizando a Pakistán como puente. Sin embargo, la soberbia de los ayatolás les impide reconocer siquiera la existencia de negociaciones, mientras mantienen secuestrado el estrecho de Ormuz, disparando los precios del combustible y asfixiando la economía global. El secretario de Estado, Marco Rubio, desde Francia comentó que Estados Unidos tiene la flexibilidad necesaria para alcanzar sus objetivos sin necesidad de una invasión terrestre masiva, pero no tolerará más ataques contra sus hombres.
Mientras el mundo libre busca una salida negociada, Irán responde instando a los civiles a alejarse de las zonas industriales vinculadas a Occidente, en lo que es una amenaza explícita de represalias contra infraestructuras regionales. La estrategia de Teherán de atacar y luego esconderse tras la retórica de la "defensa" ya no engaña a nadie.