El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, ordenó el despliegue de un contingente militar de hasta 2.000 tropas en Haití (cifra que podría triplicarse en las próximas semanas), con el objetivo de aplastar las estructuras de narcoterrorismo callejero que han sumido a la isla en el caos. La escalada militar cuenta con el respaldo explícito de la Casa Blanca según Axios, tras una conversación directa en la que el presidente estadounidense, Donald Trump, autorizó la operación de pacificación con un categórico:"Haz lo que tengas que hacer".
La ofensiva salvadoreña se desencadenó tras una emboscada perpetrada por bandas armadas haitianas el pasado 18 de octubre en Puerto Príncipe, donde cuatro técnicos de aviación militar salvadoreños fueron capturados y permanecen desaparecidos. Ante el atentado, Bukele lanzó una advertencia pública a los cabecillas de las pandillas en criollo haitiano:
"Ya hemos acabado con las pandillas en El Salvador, y también podemos acabar contigo. La lucha ahora es personal".
El marco operacional quedó ratificado mediante un acuerdo bilateral firmado el miércoles entre San Salvador y las autoridades de transición de Haití (quienes suspendieron los comicios presidenciales ante la falta de garantías),permitiendo la llegada inmediata de unidades de fuerzas especiales, blindados y logística de combate salvadoreña.
Sinergia privado-estatal contra la inoperancia de organismos internacionales
La intervención de las tropas salvadoreñas supone una ruptura radical frente al estéril e ineficaz despliegue patrocinado anteriormente por la ONU. Congresistas clave en Washington, como Brian Mast, presidente del Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes, criticaron con dureza la burocracia de los misiones internacionales previas, señalando que costaron cientos de millones de dólares sin lograr neutralizar las violaciones, secuestros y decapitaciones perpetradas por el crimen organizado en la isla.
La fuerza salvadoreña opera de manera coordinada con la firma de seguridad privada Vectus Global, liderada por Erik Prince, creando un modelo pragmático de cooperación público-privada para proyectar contundencia operacional sin comprometer directamente el despliegue de tropas estadounidenses en el terreno. Paralelamente, la diplomacia hemisférica monitorea los canales de reabastecimiento logístico y apoyo táctico a las tropas salvadoreñas, en conjunto con aliados de la región que comparten la doctrina de seguridad y la garantía constitucional de fronteras seguras.
El modelo salvadoreño como estándar de estabilidad hemisférica
Tras erradicar la plaga de la pandilla MS-13 en El Salvador y transformar a su país en uno de los territorios más seguros del hemisferio occidental mediante el encarcelamiento masivo en el CECOT, Nayib Bukele exporta su doctrina de orden institucional para pacificar a un Estado devastado que suma más de 5.700 muertos por violencia criminal en lo que va de año.
Esta demostración de liderazgo y firmeza internacional refuerza el bloque conservador en Iberoamérica, consolidando la cooperación en materia de defensa, aislamiento de la delincuencia transnacional y combate implacable contra los enemigos de la paz, en plena sintonía con las recientes alianzas estratégicas celebradas en la región donde Keiko Fujimori adopta la megacárcel estilo Bukele para erradicar las mafias carcelarias.
(Con información de Axios)