Un violento grupo de jóvenes armados asaltó el Hospital General de Mongbwalu, en el este de la República Democrática del Congo, forzando la evacuación inmediata de pacientes y personal sanitario en medio de intensos tiroteos. El ataque contra este centro médico, considerado el epicentro del actual brote de ébola, tenía como objetivo la sustracción de los cadáveres de dos personas fallecidas por el virus para realizar entierros tradicionales.
Las autoridades médicas locales confirmaron que las instalaciones se encuentran en alerta general y denunciaron que la agresión armada imposibilitó la contención epidemiológica en la zona, elevando el riesgo de una propagación masiva debido a la naturaleza altamente infecciosa de los cuerpos.

Esta incursión armada representa el tercer atentado violento registrado en el lapso de una semana contra la infraestructura de salud en la provincia de Ituri, una región golpeada por la escasez de recursos y la hostilidad social. Días antes, residentes locales incendiaron una carpa de aislamiento de la organización humanitaria Médicos Sin Fronteras, lo que provocó que dieciocho pacientes potencialmente infectados huyeran del recinto y se encuentren actualmente en paradero desconocido.
Ante la alarmante pérdida del control territorial y sanitario, el gobierno congoleño decretó medidas restrictivas de emergencia que prohíben estrictamente los velorios y limitan las reuniones públicas a un máximo de cincuenta personas. La disposición oficial establece que el sepelio de las víctimas sospechosas debe ser gestionado exclusivamente por brigadas estatales bajo estrictos protocolos de bioseguridad, provocando violentas protestas por parte de sectores de la población que se oponen a las restricciones.
El panorama sanitario se agravó drásticamente tras el último balance del Ministerio de Comunicación, que reportó un incremento exponencial en los registros oficiales hasta alcanzar los 904 casos sospechosos de contagio. Adicionalmente, las instituciones oficiales enfrentan severas críticas debido a graves contradicciones en sus informes, que reflejan un saldo impreciso de entre 119 y 220 muertes atribuidas a la enfermedad.
La contención de la emergencia se complica severamente debido a que este brote corresponde a la cepa Bundibugyo, una variante sumamente extraña del ébola para la cual no existe ninguna vacuna disponible en el mercado internacional. El virus logró expandirse de manera silenciosa durante semanas en el noreste del país debido a un error de diagnóstico inicial, ya que las autoridades locales aplicaron pruebas diseñadas para una variante común que arrojaron falsos negativos.
(Con información de AP y REUTERS)