La Asamblea Nacional presentará esta tarde el proyecto de la nueva Ley Orgánica de Minas, buscando sustituir la normativa vigente desde 1999. Este paso legislativo se concreta apenas tres días después de que el Departamento del Tesoro de EE. UU. emitiera la licencia general 51, la cual autoriza a empresas estadounidenses a operar en el sector minero venezolano, incluyendo la compra, transporte y reventa de oro, servicios logísticos y seguros asociados.
La celeridad de esta reforma responde a la estrategia del Ejecutivo para dinamizar la economía mediante la apertura del sector al capital privado nacional y extranjero. La medida fue solicitada por la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, tras su reciente reunión con el secretario de Interior de EE. UU., Doug Burgum, replicando el modelo de flexibilidad aplicado anteriormente en la Ley de Hidrocarburos para reactivar la industria petrolera.

A pesar de los objetivos económicos, organizaciones como SOS Orinoco han expresado su rechazo, advirtiendo que esta flexibilización podría legitimar la minería en áreas protegidas de la Amazonía y el Delta del Orinoco. La ONG cuestiona la capacidad real del Estado para supervisar la cadena de suministro dentro de la empresa estatal Minerven y asegurar el cumplimiento de estándares ambientales básicos en zonas donde la minería está prohibida.
El proyecto deberá superar una segunda discusión parlamentaria antes de su aprobación definitiva, donde se detallará el alcance técnico de la reforma. Mientras el gobierno insiste en la necesidad de modernizar el marco legal, diversos actores internacionales permanecen atentos a las garantías de transparencia que ofrecerá esta normativa para el desarrollo de nuevos proyectos extractivos y el uso de los fondos generados.
El marco normativo actual, heredado de la era de Hugo Chávez, había sido criticado por su rigidez, lo que según el oficialismo limitaba el potencial de inversión ante el bloqueo financiero externo. Con este cambio, el Ejecutivo no solo busca modernizar el aparato legal, sino también centralizar el control de las actividades mineras bajo una estructura que permita a los inversores internacionales operar con mayor certidumbre jurídica frente a las sanciones previas.
La aprobación definitiva será determinante para definir las condiciones bajo las cuales las empresas extranjeras operarán en el país. El éxito de esta reforma dependerá de la capacidad del Estado para establecer un equilibrio entre la atracción de capitales para reactivar la minería y la implementación de controles que garanticen la sostenibilidad ambiental y la transparencia financiera en todo el sector aurífero.