Tras años de someter la seguridad energética de Europa a los dictados de una agenda "verde" cargada de prejuicios, Bruselas ha dado marcha atrás. La admisión de Von der Leyen no solo es un mea culpa, sino la prueba de que las políticas diseñadas en las torres de marfil de la tecnocracia europea han puesto en riesgo la soberanía y la competitividad de todo el continente. Mientras el mundo se enfrenta a crisis de suministros, la UE reconoce, tarde y con un coste altísimo, que despreciar la energía nuclear fue una decisión nefasta.
🇪🇺‼️ | La Unión Europea da un giro sorprendente al reconocer que reducir la energía nuclear en favor de las "políticas más verdes" fue un error estratégico, anunciando durante la Cumbre Mundial de Energía Nuclear en París, Francia, una inversión de 200 millones de euros para… pic.twitter.com/6YaujMKqoL
— UHN Plus (@UHN_Plus) March 11, 2026
En 1990, la energía nuclear representaba un tercio de la generación eléctrica europea; hoy, tras décadas de presión política para su clausura, apenas llega al 15%. Von der Leyen ha calificado esta reducción como un "error estratégico", una forma elegante de admitir que la agenda ecologista, lejos de ser un proyecto de futuro, ha sido un lastre que ha dejado a Europa a merced de la volatilidad de los mercados energéticos globales. La apuesta por la intermitencia de las renovables, sin el respaldo de una base firme como la nuclear, ha resultado ser una quimera que ha encarecido la vida de los ciudadanos y ha restado músculo a la industria europea.
Para intentar reducir este daño, la Comisión Europea ha anunciado una inversión de 200 millones de euros destinada a los pequeños reactores modulares (SMR), una tecnología que Bruselas ignoró deliberadamente durante años mientras prefería financiar proyectos menos fiables. Esto demuestra la desorientación de una cúpula política que ahora intenta comprar con dinero público la independencia energética que ellos mismos destruyeron con regulaciones asfixiantes y discursos apocalípticos.
La presidente de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, durante su intervención en París. (El País).
Esta rectificación pone en evidencia las contradicciones de los gobiernos nacionales que, alineados con Bruselas, han persistido en el cierre prematuro de plantas nucleares plenamente operativas. Mientras Francia ha mantenido una postura coherente defendiendo la soberanía energética a través del átomo, otras naciones han seguido a ciegas los dogmas verdes hasta el colapso de sus sistemas de suministro. La admisión de Von der Leyen deja a estos políticos en una posición de extrema debilidad, habiendo sacrificado el bienestar de sus pueblos en el altar de una agenda globalista que hoy se desmorona ante la urgencia de la crisis.