La sesión vespertina de la CPAC Hungría ha dejado claro que el tiempo de las palabras amables ha terminado. Orador tras orador, desde la firmeza de Santiago Abascal hasta la retórica de Javier Milei, el mensaje ha sido unánime: las instituciones centrales de Bruselas han secuestrado el poder de los Estados-nación y es hora de recuperarlo por la fuerza de los votos y la movilización patriótica.
Santiago Abascal, líder de VOX, fue contundente al señalar que en Budapest se defiende mucho más que la frontera húngara; se defiende la identidad misma de Europa frente a un gobierno español que, según denunció, ha decidido situarse "en el lado opuesto del mundo occidental". Esta alianza ya no conoce fronteras: une a partidos europeos con figuras estadounidenses y gobiernos del Cono Sur en una visión compartida de nación, familia y propiedad.
“Creemos que debemos redoblar nuestros esfuerzos con nuestros aliados patriotas... estamos ante una alternativa organizada que trasciende las divisiones tradicionales”, sentenció Abascal, marcando la hoja de ruta para el realineamiento político de 2026.
La intervención del presidente argentino, Javier Milei, fue uno de los momentos cumbres, elevando la disputa al terreno de la batalla cultural. Para Milei, el conflicto no es solo económico, sino una rebelión moral contra décadas de políticas colectivistas que han empobrecido a las naciones. Su presencia en Budapest simboliza que la lucha por las "ideas de libertad" es global y que los movimientos conservadores ahora cuentan con una red internacional capaz de influir desde Bruselas hasta Buenos Aires.Según sus palabras, el socialismo y el globalismo son dos caras de la misma moneda que busca anular al individuo y a la patria.
🇭🇺🇦🇷🇨🇺‼️ | EN VIDEO — El Presidente Javier Milei, en su discurso en la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC), aseguró que el fin de la dictadura cubana está cerca y atacó al modelo comunista-castrista. pic.twitter.com/t7r7yWnRgu
— UHN Plus (@UHN_Plus) March 21, 2026
Por su parte, líderes como Geert Wilders y Alice Weidel pusieron el dedo en la llaga sobre los problemas que Bruselas intenta imponer sin consentimiento: la inmigración masiva, la ideología woke y el eurofederalismo. Se denunció con especial dureza la Ley de Servicios Digitales de la UE, calificándola como una herramienta de censura diseñada para amordazar el debate político bajo la excusa de regular el contenido en línea. Para este bloque soberanista, no hay libertad de expresión si una burocracia no electa en Bruselas decide qué es "desinformación".
A su vez, el asesor Balázs Orbán recordó que el "modelo húngaro" es la prueba viviente de que se puede prosperar dentro de la UE sin hincar la rodilla ante una integración forzada. Lo que ha emergido en Budapest es un bloque de acción política coordinada. Las fuerzas patrióticas han comprendido que para vencer al centralismo europeo deben actuar como un solo puño.