El régimen de Corea del Norte, encabezado por Kim Jong Un, ha reafirmado su postura desafiante en el escenario internacional mientras capitaliza el apoyo estratégico de Rusia y China para consolidar su posición militar, política y diplomática frente a Estados Unidos, a Corea del Sur y a otros actores globales.
Kim Jong Un inauguró recientemente un congreso clave del Partido de los Trabajadores en Pyongyang, en el que destacó lo que describió como “grandes éxitos” logrados por su país a pesar de sanciones internacionales, desafíos económicos y presiones externas. Este evento, el más importante en el calendario político norcoreano, busca fijar la hoja de ruta del régimen para los próximos años y consolidar sus prioridades tanto internas como externas, incluyendo el refuerzo de alianzas con potencias como Rusia y China.

En su discurso, Kim exhibió un tono de confianza y resiliencia, destacando los avances en tecnología militar y capacidades estratégicas que, según el régimen, han fortalecido la posición de Corea del Norte en el contexto global. Estas declaraciones se producen en un marco de cooperación con Moscú y Pekín que abarca desde acuerdos de seguridad y defensa compartida hasta intercambios diplomáticos y apoyo político, fortaleciendo así la percepción de un bloque alternativo frente a la presión occidental.
Históricamente, Corea del Norte ha mantenido vínculos con Rusia y China que se remontan a décadas atrás, pero en los últimos años estos lazos se han profundizado tanto en materia militar como estratégica. El Tratado de Asociación Estratégica Integral entre Pyongyang y Moscú, por ejemplo, formaliza mecanismos de cooperación en defensa que podrían incluir asistencia mutua en caso de agresión, y se considera una de las alianzas más sólidas que el régimen norcoreano ha establecido desde la Guerra Fría.
Además, la alianza con China sigue siendo un pilar del respaldo internacional a Corea del Norte. Pekín ha mantenido históricamente un papel clave como socio comercial y diplomático, brindando apoyo en foros multilaterales y contribuyendo a amortiguar el impacto de sanciones económicas. Esta relación proporciona a Pyongyang un contrapeso frente a las políticas de presión lideradas por Estados Unidos y sus aliados en Asia Oriental.
El resultado de estas alianzas es un régimen que hoy se presenta más seguro de sí mismo, exhibiendo su desarrollo militar —incluida la demostración de nuevos sistemas de lanzamientos y capacidades nucleares avanzadas— y posicionándose como un actor que no solo desafía la influencia occidental, sino que también proyecta un mensaje de autosuficiencia respaldado por socios poderosos.
Este fortalecimiento de la relación con Rusia y China tiene implicaciones geopolíticas profundas. Para Occidente y sus aliados en la región, especialmente Corea del Sur y Japón, la consolidación de un eje de apoyo estratégico entre Pyongyang, Moscú y Pekín representa un desafío añadido en un entorno internacional ya caracterizado por tensiones en torno a programas nucleares, alianzas militares y equilibrios de poder regional.