El Ministerio de Energía y Minas informó la desconexión total y el inicio de protocolos para el restablecimiento. Este incidente representa el séptimo apagón general en año y medio. Las autoridades no han precisado las causas exactas de este colapso específico. La situación previa ya era crítica, con cortes de hasta 15 horas diarias en la capital.
La crisis se agrava por la falta de diésel y fueloil para los motores de generación distribuida. El sistema depende de centrales termoeléctricas obsoletas con décadas de explotación y déficit de inversiones. Actualmente, diez de las 16 unidades de generación están fuera de servicio por averías o mantenimiento. La generación distribuida permanece casi totalmente parada desde enero.

El proceso de restablecimiento del sistema es lento y requiere arrancar fuentes sencillas como la solar o hidroeléctrica. El objetivo técnico es energizar las termoeléctricas para que puedan sincronizarse nuevamente. Sin embargo, la escasez de combustible dificulta este encendido rápido. Expertos estiman que sanear el sistema eléctrico requeriría una inversión de hasta 10.000 millones de dólares.
La falta de electricidad ha impactado severamente la economía cubana, que se contrajo un 15 % desde 2020. Esta situación ha generado protestas sociales recientes en localidades como La Habana y Morón. El Gobierno atribuye la crisis principalmente a las sanciones de EE. UU. y al bloqueo petrolero. Mientras tanto, activistas internacionales se reúnen en la isla para protestar contra dichas medidas.
Las infraestructuras termoeléctricas utilizan mayoritariamente petróleo nacional, pero sufren por la falta de mantenimiento crónico. El colapso del sábado ocurrió cuando se preveía un déficit del 60 % en la generación durante la hora pico. La recuperación total del suministro podría demorar varios días según experiencias de apagones anteriores. El sistema eléctrico cubano se mantiene en un estado de vulnerabilidad extrema.
La crisis energética actual es la más severa que ha enfrentado el país en los últimos tres meses. La ausencia de fuentes de energía de respaldo impide estabilizar las áreas interconectadas con rapidez. La población enfrenta periodos de más de 48 horas continuas sin servicio en algunas regiones del interior. El restablecimiento gradual depende de la disponibilidad limitada de recursos técnicos y combustibles.