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De Moscú a Ciudad de México: quiénes proveen petróleo a Cuba en medio de su peor crisis energética

La dependencia de la isla respecto a la importación de carburantes resulta clave para el funcionamiento de su frágil sistema eléctrico

Por UHN Plus
De Moscú a Ciudad de México: quiénes proveen petróleo a Cuba en medio de su peor crisis energética
Autor: Yander Zamora | Crédito: EFE

Cuba enfrenta en enero de 2026 la crisis energética más grave desde la desaparición de la Unión Soviética. Los apagones que superan las 20 horas diarias en muchas provincias, el colapso del transporte público y la parálisis parcial de la industria son consecuencias directas de la drástica reducción del suministro de petróleo. La pérdida del petróleo venezolano —que históricamente cubría hasta el 80 % de las necesidades de la isla— ha dejado a La Habana en una situación de extrema vulnerabilidad. A continuación, un panorama actualizado de los proveedores que aún sostienen, con cuentagotas, el sistema energético cubano.

México: el principal proveedor actual


México se ha convertido en el abastecedor más relevante desde mediados de 2025. La filial de Pemex, Gasolinas Bienestar, exportó en promedio 17.200 barriles diarios durante los primeros nueve meses del año pasado, por un valor aproximado de 400 millones de dólares. En los últimos días se han registrado arribos puntuales de petroleros, como el Ocean Mariner, que llevó 85.000 barriles a La Habana. La presidenta Claudia Sheinbaum reconoció públicamente que México asumió un rol más importante tras la interrupción del suministro venezolano. Sin embargo, estos envíos representan apenas una fracción de lo que Cuba requería en el pasado y están bajo fuerte presión diplomática y comercial desde Washington.

La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, escucha una pregunta durante su conferencia de prensa diaria en el Palacio Nacional de la Ciudad de México el 6 de noviembre de 2024. Alfredo Estrella/AFP/Getty Images

Rusia: envíos esporádicos y simbólicos
Moscú mantiene una relación histórica con La Habana y continúa enviando petróleo de forma intermitente. Los cargamentos rusos suelen llegar a través de buques que operan bajo esquemas opacos, muchas veces con transbordos en alta mar para dificultar el rastreo. Sin embargo, la magnitud es limitada: Rusia enfrenta sus propias restricciones por el conflicto en Ucrania y prioriza sus compromisos con clientes asiáticos y europeos. Los envíos a Cuba son más políticos que económicos y no alcanzan a cubrir ni el 10 % de la demanda diaria de la isla.

Irán: presencia marginal y complicada por sanciones
Teherán ha intentado posicionarse como proveedor alternativo en los últimos años, especialmente a través de trueques o acuerdos triangulados. Sin embargo, la combinación de sanciones estadounidenses y la propia crisis energética interna iraní limita la capacidad de envío. Los volúmenes que llegan a Cuba son muy bajos y esporádicos, insuficientes para marcar una diferencia significativa en la generación eléctrica o el transporte.

Otros proveedores ocasionales
Argelia y Angola han realizado envíos puntuales en el pasado reciente, generalmente como parte de acuerdos políticos o trueques. En ambos casos, los volúmenes son pequeños y responden más a gestos diplomáticos que a una solución estructural. Nicaragua y Bolivia, aliados ideológicos, carecen de capacidad de exportación relevante.

El impacto del bloqueo estadounidense
La decisión de la administración Trump de aplicar aranceles del 25 % a cualquier país que venda o entregue petróleo a Cuba ha congelado casi por completo la posibilidad de nuevos proveedores. Esta medida, anunciada en enero de 2026, busca impedir que terceros países llenen el vacío dejado por Venezuela. El mensaje es claro: quien sostenga al régimen cubano enfrentará costos económicos directos en su relación comercial con Estados Unidos. Países como México, que mantienen un comercio masivo con Washington, ya evalúan reducir o suspender los envíos para evitar sanciones.

Consecuencias para Cuba
Sin un proveedor estable capaz de entregar al menos 80.000-100.000 barriles diarios, la generación termoeléctrica —que depende casi exclusivamente del fuel oil— se encuentra al borde del colapso. Los apagones prolongados han paralizado fábricas, hospitales y el transporte de alimentos. La población enfrenta una combinación de escasez, inflación descontrolada y malestar social creciente.

En este escenario, Cuba se encuentra más aislada que nunca. Sus tradicionales aliados energéticos no pueden —o no quieren— sostenerla en la escala necesaria, y la presión estadounidense cierra las pocas puertas que quedaban abiertas. La isla enfrenta una encrucijada histórica: negociar bajo condiciones muy duras con Washington o arriesgar una implosión interna que podría cambiar el rumbo del régimen de forma irreversible.

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