Las autoridades de Florida y el Comando Sur de Estados Unidos pusieron en marcha un operativo coordinado para frenar cualquier intento de migración masiva desde Cuba. La crisis social y económica en la isla impulsó esta respuesta ante el temor de una salida masiva de ciudadanos. El despliegue incluye fuerzas estatales y federales, además de la preparación de la Base Naval de Guantánamo.

El gobernador Ron DeSantis ordenó el refuerzo de la vigilancia costera en el sur del estado tras semanas de protestas y escasez en Cuba. "Mi administración no aceptará una llegada masiva de personas a los Cayos de Florida", declaró el mandatario al instruir planes de contingencia. Las fuerzas locales permanecen en alerta máxima para responder ante cualquier desembarco no autorizado.
Por su parte, el Comando Sur intensificó ejercicios conjuntos como la maniobra "Integrated Advance" para entrenar respuestas rápidas ante escenarios migratorios. La general Laura Richardson informó al Congreso que la base de Guantánamo puede ampliar su capacidad hasta 30.000 personas. Esta medida busca gestionar a los migrantes fuera del territorio continental estadounidense para evitar el desborde estatal.

El Departamento de Seguridad Nacional (DHS) emitió la orden de interceptar a los balseros en aguas internacionales para proceder a su traslado inmediato. Quienes sean detenidos en el Estrecho de Florida serán llevados a instalaciones de revisión que operan al margen de los tribunales regulares. Esta estrategia federal tiene como objetivo principal facilitar la repatriación de quienes intenten ingresar ilegalmente.
Las autoridades estadounidenses recalcaron que no se otorgarán beneficios migratorios a quienes arriben por mar, enviando un mensaje directo para desalentar la travesía. La planificación actual se basa en las lecciones de la crisis de 1994, buscando evitar campamentos improvisados y garantizar el orden público. Cualquier intento de incursión marítima será gestionado con firmeza fuera del marco habitual.