La Guardia de Finanza de Milán desarticuló una red criminal que utilizaba la empresa de eventos Ma. De Milano como fachada para ofrecer servicios de prostitución y drogas a deportistas de élite. La investigación, coordinada por la fiscal Bruna Albertini, reveló paquetes "todo incluido" que abarcaban desde clubes exclusivos hasta encuentros sexuales en hoteles de cinco estrellas.
La organización facturó más de 1,2 millones de euros captando a empresarios de alto perfil, celebridades y un número considerable de futbolistas profesionales de la Serie A. Según los documentos judiciales publicados por La Gazzetta Dello Sport, algunos de estos deportistas viajaban expresamente a la ciudad italiana para participar en las fiestas organizadas por la banda.
El juez de instrucción mantuvo bajo secreto los nombres de al menos cincuenta clientes habituales, entre los que destacan figuras del fútbol y un piloto de Fórmula 1. Una de las escuchas telefónicas captó el momento en que se solicitaba específicamente la presencia de una acompañante para el piloto durante una estancia nocturna en la ciudad de Milán.

Durante los eventos se documentó el consumo masivo de óxido nitroso, conocido como "gas de la risa", una sustancia que provoca euforia y que los deportistas utilizaban porque no deja rastros en controles. Las grabaciones confirman la logística para proveer estos globos en hoteles de lujo como el Duca y el Me Milan, asegurando discreción total para los consumidores.
La justicia ordenó la detención de cuatro cabecillas, entre ellos Emanuele Buttini y Deborah Ronchi, acusados de explotación de la prostitución y blanqueo de capitales ilícitos. Los líderes de la red gestionaban el negocio desde Cinisello Balsamo, donde reclutaban a mujeres jóvenes atraídas por el ambiente social de los eventos nocturnos de alta gama.
Las jóvenes seleccionadas, de entre 18 y 30 años, recibían el 50% de los beneficios generados por los servicios sexuales, pero debían cubrir el alquiler de las habitaciones donde residían. La Fiscalía determinó que la agencia funcionaba formalmente para ocultar que los ingresos reales provenían exclusivamente de la explotación de más de cien mujeres italianas y extranjeras.
La red operó de manera ininterrumpida desde el año 2019, manteniendo sus actividades incluso durante los periodos de confinamiento estricto por la pandemia de Covid-19. Testigos del caso relataron que trabajaban casi todas las noches coordinando traslados a clubes nocturnos y atendiendo la demanda constante de la clientela compuesta por futbolistas y empresarios.
La Guardia di Finanza procedió a la incautación de todos los bienes acumulados por los sospechosos debido a la desproporción entre sus ingresos reales y sus declaraciones fiscales. El caso permanece bajo una estricta observación judicial mientras se analizan las pruebas que comprometen a los responsables y se mantienen protegidas las identidades de los deportistas involucrados.
La Fiscalía y la Guardia di Finanza establecieron que la estructura empresarial contaba con la participación de relaciones públicas y acompañantes para gestionar los cobros de varios miles de euros por cliente. Los principales implicados se encuentran bajo arresto domiciliario mientras avanza el proceso por los delitos de instigación a la prostitución y manejo de capitales de procedencia ilícita.