El avance del Tren de Aragua en el hemisferio no se detiene, y Ciudad de México se ha convertido en uno de sus nodos logísticos más rentables ante la mirada de una administración de izquierda que ha fallado en blindar sus fronteras. Este miércoles, fuerzas federales detuvieron a Yorbelis ‘N’, conocida como "La Maracucha", una operadora clave de esta organización que Washington ya califica como terrorista. Su arresto en la alcaldía Cuauhtémoc es la confirmación de que el cáncer criminal venezolano ha echado raíces profundas, operando redes de trata y extorsión con una impunidad pasmosa.
"La Maracucha" no actuaba sola; su red de explotación sexual funcionaba en hoteles de la colonia Buenavista, donde capturaba a mujeres para convertirlas en mercancía humana, una de las fuentes de financiamiento más lucrativas del Tren de Aragua. Esta estructura criminal no solo importa violencia salvaje, sino que ha establecido alianzas estratégicas con mafias locales, como la Unión Tepito, para dividirse el botín del narcotráfico y el "cobro de piso". Es el resultado inevitable de permitir que el crimen transnacional circule libremente, aprovechando la debilidad de gobiernos que priorizan la retórica ideológica sobre la seguridad nacional y el orden público.

La caída de esta operadora se suma a la de otros integrantes capturados este año, como Lesli Valeri Flores Arrieta, quien administraba libretas de extorsión con una precisión empresarial. Mientras las administraciones de izquierda en la región se pierden en burocracia, estas células criminales avanzan arrebatando la paz a los comerciantes y la libertad a las mujeres, imponiendo un "impuesto revolucionario" al estilo de las guerrillas que tanto daño han hecho al continente.
La clasificación del Tren de Aragua como organización terrorista debe ser el motor para una cacería sin cuartel que incluya la extradición inmediata de sus cabecillas. No hay espacio para la rehabilitación de sujetos que lucran con el secuestro y la esclavitud.