El dictador de Cuba, Miguel Díaz-Canel, ha dejado claro que la capitulación no figura en su agenda política. En una entrevista concedida a la cadena estadounidense NBC, el mandatario afirmó que no tiene intención de abandonar el cargo que ocupa desde 2019, subrayando que la soberanía de la isla no está sujeta a los "designios" de los Estados Unidos. Díaz-Canel respondió así a las presiones de la administración de Donald Trump.
Díaz-Canel defendió el sistema electoral cubano frente a lo que calificó como una "matriz" interesada en desconocer la participación popular, asegurando que su legitimidad emana del pueblo y no de una élite. Para el autócrata cubano, la Casa Blanca no tiene autoridad moral para cuestionar la situación de los derechos humanos en Cuba mientras mantenga una política de "guerra económica" que busca, según sus palabras, "arrollar al pueblo por hambre y enfermedades".
“Renunciar no forma parte de nuestro vocabulario. Somos un estado soberano y libre que no se somete a ningún designio del Gobierno de Estados Unidos”, sentenció Díaz-Canel ante las cámaras de la NBC.
Desde enero de 2026, tras la caída del suministro proveniente de Venezuela bajo el mando de Nicolás Maduro, la isla ha entrado en una parálisis casi total. La administración Trump ha implementado un bloqueo virtual al combustible, amenazando con aranceles a cualquier nación que suministre petróleo a la isla. Esta estrategia de "máxima presión" ha provocado apagones diarios masivos, el cierre de hospitales y la suspensión del transporte público, una situación que Díaz-Canel define como un "castigo colectivo prolongado" que viola el derecho internacional.

A pesar del cerco diplomático y económico, el régimen cubano ha encontrado un aliado en el Kremlin, quién ha envíado el buque petrolero ruso Anatoli Kolodin, con 100.000 toneladas de combustible, aunque este cargamento solo cubre la demanda de unos pocos días. Lo que para Cuba ve como “apoyo” de Vladímir Putin a un aliado histórico en el Caribe, desafía abiertamente la zona de influencia que el presidente Trump reclama para la seguridad nacional estadounidense.
“Cuba confía en el multilateralismo y en la diplomacia como herramientas para la paz, frente al atropello y el bloqueo injustificado que paraliza nuestros hospitales y escuelas”, denunció el mandatario en sus redes sociales.
La administración estadounidense sostiene que no hay diálogo posible si no hay reformas reales hacia la democracia, considerando que el sufrimiento del pueblo es responsabilidad directa de la incompetencia de sus dirigentes. En este pulso de voluntades, la Casa Blanca parece decidida a esperar a que la falta de energía termine por forzar la salida de un liderazgo que Washington ya no considera un interlocutor válido.