En una entrevista que desprende un olor a derrota inevitable, el viceprimer ministro Óscar Pérez-Oliva Fraga ha anunciado que la dictadura está "abierta" a recibir capital de los cubanos en el extranjero. Tras décadas de confiscar propiedades, perseguir a quienes huyeron de la tiranía y etiquetar a la diáspora como "gusanos", los mismos jerarcas que destruyeron la economía ahora suplican a aquellos a quienes forzaron al exilio que regresen para financiar la infraestructura que ellos mismos dejaron en ruinas.
🇨🇺🇺🇸‼️ | LO ÚLTIMO — El Congresista Carlos Giménez advirtió que cualquier “cambio cosmético” del régimen comunista cubano no engaña a nadie y reiteró que el pueblo de la isla merece libertad, no la continuidad de la misma dictadura. También dejó claro que no habrá inversión… pic.twitter.com/PnqfuNkM6R
— UHN Plus (@UHN_Plus) March 16, 2026
La realidad detrás de este anuncio es una de colapso absoluto. La dictadura reconoce, por primera vez, que durante tres meses no ha llegado un solo barco de petróleo a sus costas. El fin del suministro criminal proveniente de la Venezuela de Maduro, tras la histórica redada estadounidense que capturó al dictador y a su esposa, ha dejado a Cuba en una oscuridad energética total. Hospitales paralizados, apagones permanentes y un descontento que ha pasado de la resistencia pasiva a las protestas violentas en ciudades como Morón, demuestran que el control del Partido Comunista se desmorona ante la desesperación de un pueblo que ya no tiene nada que perder.

La narrativa oficial de Fraga, que busca culpar a Washington de la crisis energética, no es más que el libreto ensayado de un gobierno que se sabe acorralado. La advertencia del Presidente Donald Trump ha sido clara: el destino de los dictadores ya no es el exilio dorado, sino la justicia. La reciente caída de Nicolás Maduro ha enviado un mensaje de terror a los pasillos del Palacio de la Revolución: la era de la impunidad ha terminado. Si el régimen cubano esperaba que esta "apertura" a la inversión lavara su imagen, se ha encontrado con una realidad mucho más cruda: el mundo libre ya no negocia con quienes mantienen a un pueblo entero bajo cadenas.
Resulta irónico ver cómo intentan vender un "entorno empresarial dinámico" mientras mantienen un sistema unipartidista que es, por definición, el enemigo de la propiedad privada y la libertad de empresa. La invitación a invertir en turismo o minería no es una apertura económica; es una invitación a financiar el aparato de inteligencia y represión que permite a Díaz-Canel seguir en el poder. Cualquier inversor, cubano o extranjero, que decida poner su dinero en manos de esta dictadura, no está ayudando a la isla; está extendiendo la agonía de un sistema que ha demostrado que su única prioridad es su propia permanencia.