El dólar estadounidense alcanzó este miércoles la cifra de los 600 pesos cubanos (CUP) en el mercado informal de la isla. Este nuevo récord confirma la velocidad a la que se desploma la moneda nacional y sepulta de forma dramática el poder adquisitivo de millones de ciudadanos atrapados en la crisis. La cotización fue registrada por la Tasa Representativa del Mercado Informal (TRMI) que elabora diariamente el medio independiente El Toque, considerado el indicador de referencia real tanto para expertos financieros como para la mayoría de la población cubana ante la falta de transparencia estatal.
El nuevo salto representa un incremento de cinco pesos frente a la jornada anterior y es la culminación de una agresiva escalada inflacionaria intensificada en las últimas semanas. Mientras el mercado informal dicta las pautas de supervivencia en una economía dolarizada de facto, el Banco Central de Cuba (BCC) mantiene una tasa oficial de 524 pesos por dólar. La brecha entre ambas cotizaciones no hace más que reflejar la incapacidad crónica de la dictadura para satisfacer la demanda de divisas y la nula confianza de los ciudadanos en el papel moneda emitido por el Estado.
Una devaluación desbocada que destroza el bolsillo de los ciudadanos
La velocidad con la que el peso cubano se ha convertido en papel mojado pulverizó incluso las previsiones de los analistas más pesimistas. El Observatorio de Monedas y Finanzas de Cuba (OMFi) había proyectado para finales de mayo una tasa máxima extrema de 590 pesos, un escenario que la realidad del mercado informal desbordó antes de arrancar el mes de junio. Solo durante las últimas doce jornadas, la moneda cubana acumuló una depreciación de 65 pesos por dólar, perdiendo un 12,1% de su valor en poco más de un mes.
Los datos demuestran que el desplome se ha vuelto imparable: la divisa tardó 16 meses en pasar de los 200 a los 300 pesos, pero este año requirió apenas cuatro meses para saltar de los 500 a los 600 pesos. En lo que va de 2026, el peso ha perdido más valor que durante todo el año anterior.
Esta devaluación desbocada se traduce de forma directa en miseria para la población. Al depender el país casi por completo de productos importados, el repunte del dólar encarece de forma inmediata los alimentos básicos, medicamentos y artículos de primera necesidad. Aunque aquellos ciudadanos que reciben remesas desde el exterior obtienen más pesos por sus dólares, el costo de la vida neutraliza cualquier alivio. El sector más golpeado vuelve a ser el de los trabajadores estatales, médicos, maestros y jubilados, cuyos salarios fijos en pesos cubanos se han evaporado, ensanchando una brecha insalvable con respecto al costo real de los productos.

La dictadura ataca a la prensa libre y esquiva sus responsabilidades
Ante el desastre financiero, la cúpula del régimen de La Habana ha optado por su habitual libreto de confrontación, atacando de forma reiterada la tasa de referencia de El Toque. Los voceros oficiales aseguran que los reportes de este medio independiente constituyen una "técnica de desestabilización" para incitar la especulación y la inflación, intentando vincular las mediciones con supuestas presiones dirigidas desde Washington.
Sin embargo, economistas independientes coinciden en que este indicador no es la causa, sino el síntoma de una profunda crisis estructural de un sistema político y económico que destruyó su aparato productivo, registrando una pérdida del 15% del Producto Interno Bruto (PIB) entre 2020 y 2025.
A la pésima gestión interna del régimen se suma el impacto de las firmes medidas diplomáticas y económicas aplicadas por Estados Unidos en los últimos meses, diseñadas para presionar un cambio político y económico hacia la democracia en la isla. Esta estrategia de la Casa Blanca incluye restricciones energéticas rigurosas y la aplicación de una Orden Ejecutiva que contempla severas sanciones secundarias para cualquier empresa internacional que realice negocios de forma directa con la dictadura cubana o sus ineficientes corporaciones estatales.

Éxodo de inversores extranjeros ante el colapso del sistema
El temor fundado a las sanciones estadounidenses y la falta de garantías jurídicas en un país en quiebra han provocado una estampida de capital extranjero en las últimas semanas.
Grandes corporaciones multinacionales anunciaron la retirada parcial o total de sus operaciones en la isla. Entre las salidas más sonadas destaca la de la minera canadiense Sherritt, que representaba la mayor inversión exterior histórica en el territorio cubano. Asimismo, las principales cadenas hoteleras internacionales que sostenían la industria turística estatal, tales como las españolas Meliá e Iberostar, y la firma Blue Diamond, han comenzado a desmantelar sus operaciones ante el colapso del país.
La debacle actual encuentra sus raíces en la llamada "Tarea Ordenamiento" implementada a principios de 2021 por el régimen, una fallida reforma cambiaria que pretendía terminar con la dualidad monetaria fijando el dólar a 24 pesos, pero que terminó desestabilizando por completo la economía nacional. Cinco años después, el mercado informal cubano sigue rompiendo techos históricos sin vislumbrar un límite, confirmando que la crisis económica, sumada a los constantes apagones y la escasez generalizada de divisas, mantiene al país en un callejón sin salida bajo el actual modelo político.
(Con información de EFE y Diario de Cuba)