El encargado de negocios de la Embajada de Estados Unidos en Cuba, Mike Hammer, aseguró que un cambio “histórico” en la isla está cerca y confirmó que la administración del presidente Donald J. Trump ya ha diseñado distintos escenarios para una eventual transición tras la caída del régimen comunista encabezado por Miguel Díaz-Canel.
En una entrevista reciente, Hammer sostuvo que existen contactos con actores dentro del propio sistema del régimen, aunque evitó ofrecer detalles específicos. “Va a haber un cambio. ¿En qué forma? Ya veremos cómo”, afirmó el diplomático, dejando entrever que los movimientos podrían producirse incluso este mismo año.

Hammer, quien ha recorrido diversas regiones de la isla durante más de un año, describió una situación económica e institucional deteriorada. Según explicó, sectores fundamentales como el transporte, la sanidad, la energía y las comunicaciones han sido abandonados o no han recibido la inversión necesaria. Parte de los ingresos generados por el turismo, canalizados a través del conglomerado militar GAESA, no se reinvirtieron en la economía productiva, sino en la expansión hotelera bajo control de la élite militar vinculada al régimen.

El funcionario estadounidense defendió que las medidas adoptadas por Washington, incluyendo el endurecimiento del embargo y las restricciones energéticas, buscan debilitar la capacidad represiva del régimen, no perjudicar a la población. Según detalló, una parte significativa del petróleo que llegaba a la isla era revendido en mercados internacionales sin beneficiar al ciudadano común.
Hammer subrayó que el objetivo de Estados Unidos es una transición pacífica, sin derramamiento de sangre y con liberación total de presos políticos, e instó a países europeos a acompañar esa postura. Además, confirmó que existe un plan para el “día después” del régimen, con estrategias diseñadas para evitar el caos y facilitar la reconstrucción institucional y económica de una Cuba libre.

El diplomático sostuvo que el potencial emprendedor del pueblo cubano —evidente en la comunidad exiliada— podría acelerar la recuperación si se crea un entorno de libertad económica y apertura política. No obstante, reconoció que el proceso requerirá tiempo, coordinación internacional y voluntad política interna.
En paralelo, el presidente Donald Trump confirmó recientemente que el secretario de Estado, Marco Rubio, mantiene conversaciones con interlocutores vinculados a Cuba para alcanzar un posible acuerdo en medio de la crisis energética que atraviesa la isla. Trump calificó a Cuba como una “nación fallida” en el contexto actual y reiteró que el embargo permanece vigente mientras continúen las prácticas del régimen.
La situación interna en la isla refleja la gravedad del colapso estructural. En La Habana, la recolección de basura está prácticamente paralizada por la falta de combustible y de vehículos operativos, generando acumulación de residuos en zonas densamente pobladas. La infraestructura energética, sanitaria y de transporte muestra signos de deterioro prolongado, mientras la economía sigue limitada por controles estatales y falta de inversión productiva.

En este escenario, las declaraciones de Hammer apuntan a un momento de redefinición. Para Washington, el objetivo es claro: facilitar condiciones para una transición ordenada que permita el surgimiento de instituciones democráticas y una economía funcional. Para el régimen cubano, la presión externa y la crisis interna representan un desafío creciente.
Si el cambio se materializa en el corto plazo o no, dependerá de múltiples factores. Pero según la evaluación oficial estadounidense, la situación actual es insostenible y el sistema vigente muestra señales evidentes de agotamiento.