El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, confirmó este domingo 1 de febrero de 2026 que su administración ha iniciado contactos directos con las más altas esferas del régimen cubano. En declaraciones realizadas a bordo del Air Force One mientras viajaba a Florida, Trump afirmó: “Estamos hablando con las más altas esferas de Cuba. Veamos qué pasa”. Minutos después, agregó con optimismo: “Creo que vamos a llegar a un acuerdo con Cuba”.
El mandatario no ofreció detalles específicos sobre el nivel de los contactos, los interlocutores involucrados ni el momento exacto en que comenzaron las conversaciones. Sin embargo, subrayó que estos diálogos se producen en un contexto de máxima presión económica sobre La Habana, tras el corte total de envíos petroleros venezolanos y la amenaza de aranceles del 25 % a cualquier país que suministre crudo o derivados a la isla.
Trump reiteró su convicción de que el régimen cubano está al borde del colapso: “Cuba está fallando bastante pronto. No tienen dinero, no tienen petróleo. Vivían del dinero y del petróleo de Venezuela, y eso ya no llega”. El presidente insistió en que no es necesario un “crisis humanitaria” para forzar un cambio: “Creo que vendrán a nosotros y querrán hacer un trato. Así Cuba volvería a ser libre”.
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El anuncio se produce en el peor momento para el régimen de Miguel Díaz-Canel. La interrupción definitiva del petróleo venezolano —principal sostén energético durante más de dos décadas— ha dejado a la isla sin capacidad para generar electricidad de forma sostenida. Los apagones diarios superan las 20 horas en muchas provincias, el transporte está paralizado y la distribución de alimentos se ha colapsado en regiones enteras. Los envíos mexicanos, que en 2025 promediaron 17.200 barriles diarios, ahora enfrentan la amenaza directa de aranceles punitivos, lo que prácticamente cierra esa vía alternativa.
Rusia e Irán mantienen envíos esporádicos y simbólicos, pero insuficientes para cubrir ni el 10 % de la demanda energética cubana. En este escenario de asfixia total, la administración Trump ha optado por combinar presión máxima con una puerta abierta a la negociación, siempre bajo condiciones claras: cese inmediato de la represión, liberación total de presos políticos y apertura a un proceso de transición democrática.
🇺🇸🇨🇺‼️ | El Presidente Donald Trump confirmó que su administración mantiene conversaciones directas con “las personas más altas” del poder en Cuba. pic.twitter.com/7DGfYmvvRB
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Trump ha reiterado que no busca una intervención militar directa en Cuba —“no creo que sea necesario, parece que va cayendo solo”—, pero ha dejado claro que cualquier intento de bloquear el estrecho de Ormuz o de desestabilizar la región será respondido con “fuerza abrumadora”. El despliegue de una gran flota naval en el Golfo Pérsico y el estrecho de Ormuz refuerza esta postura disuasoria.
Para Cuba, el mensaje es inequívoco: el tiempo de las excusas y las dilaciones se ha agotado. Sin aliados capaces de sostenerla económicamente y con una población agotada por décadas de escasez y represión, el régimen enfrenta su prueba más dura en más de treinta años. La confirmación de conversaciones con las “más altas esferas” sugiere que, incluso en La Habana, se reconoce la inevitabilidad de un cambio de rumbo.
Trump ha sido consistente en su diagnóstico: Cuba está fallando y pronto buscará un acuerdo. Si ese trato llega, será bajo los términos establecidos por Washington. Si no, el aislamiento y la presión económica podrían precipitar el desenlace que el presidente estadounidense anticipa con confianza: “Cuba será libre”. Las próximas semanas serán decisivas para determinar si la dictadura opta por la negociación o si el colapso interno llega antes que cualquier mesa de diálogo.
