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¿Dónde están China y Rusia? Los "aliados" ausentes de Maduro e Irán

Rusia y China han quedado expuestas como potencias regionales sin capacidad de auxilio para sus aliados distantes.

¿Dónde están China y Rusia? Los "aliados" ausentes de Maduro e Irán
La soledad de las autocracias frente al poder real. (Ilustración digital fotorrealista / Composición editorial especial)

El 3 de enero de 2026, el mundo presenció un despliegue de precisión táctica que alteró el tablero geopolítico: la captura del narcodictador Nicolás Maduro en Caracas. Semanas más tarde, el 28 de febrero, el colapso del régimen en Irán tras la muerte de Ali Khamenei terminó de desarticular el flanco teocrático que desafiaba a Occidente.

Ante la contundencia de estos hechos, las miradas se posaron sobre Moscú y Pekín, esperando una respuesta a la altura de la narrativa del supuesto "eje antioccidental". Sin embargo, lo que seguido fue un silencio operativo roto solo por comunicados diplomáticos de rigor, confirmando que la paridad militar de estas potencias frente a Estados Unidos es, en gran medida, un espejismo publicitario.

Maduro siendo escoltado hacia el Tribunal de los Estados Unidos Daniel Patrick de Manhattan.

Mientras la propaganda intenta vender un bloque monolítico capaz de desafiar a Washington, la geografía y los hechos revelan que Rusia y China son potencias con alcances globales muy limitados. No poseen la voluntad ni la infraestructura para arriesgar su propia estabilidad por focos ideológicos distantes que solo sirven como peones en un juego de influencias.

La razón principal de esta inacción es tan jurídica como pragmática: no existe un tratado de defensa mutua real. A diferencia de la OTAN, donde un ataque contra uno es un ataque contra todos, las relaciones entre los regímenes autoritarios son convenios de conveniencia, no alianzas de principios o de sangre.

Moscú no tiene la obligación legal de disparar una sola bala por el chavismo o por el teocratismo iraní. Pekín, fiel a su estilo mercantilista, siempre preferirá la estabilidad del comercio global sobre la lealtad a dictaduras insolventes que ya no pueden garantizar el retorno de sus inversiones o el flujo de crudo.

El mito del gigante frente a la realidad operativa

Moscú enfrenta hoy su propia limitación física. Profundamente empantanada en una guerra de desgaste en Ucrania, la administración de Putin ha tenido que priorizar su supervivencia en el frente europeo. Incluso figuras cercanas al entorno nacionalista ruso han reconocido esta limitación estructural.

Según reportes de Reuters, el excomandante separatista Igor Girkin afirmó que Rusia está “prácticamente incapaz de hacer nada más”. Girkin subrayó que el Kremlin no puede ayudar a Venezuela “en otro hemisferio que está justo al lado de Estados Unidos”, evidenciando que la retórica de apoyo era simplemente inviable en la práctica.

El conflicto entre Rusia y Ucrania inició el 24 de febrero de 2022. (Leo Correa/AP)

Por su parte, la estrategia de China es evitar a toda costa el conflicto directo. Su poder es una construcción basada en la dependencia económica ajena, no en la capacidad de combate global. Sin bases militares significativas fuera de Asia, Pekín carece de los medios logísticos para proyectar fuerza en América Latina o el Medio Oriente.

Como señala David Shambaugh en el estudio The Illusion of Chinese Power del Brookings Institution: “las capacidades militares de China son propias de una potencia regional, no global”. El análisis de Shambaugh sostiene que el país “no es capaz de proyectar poder militar fuera de su vecindario asiático”, lo que explica su pasividad ante la caída de aliados en otros continentes.

Intervenir militarmente contra los intereses de Estados Unidos sería, para China, un suicidio financiero. Su economía depende de rutas marítimas vigiladas por la Marina estadounidense, lo que obliga a los líderes comunistas a limitar sus "protestas" a comunicados de prensa mientras aceptan los hechos consumados.

La abrumadora superioridad del mundo libre

Para entender por qué el "eje" se mantuvo al margen, basta mirar las cifras del SIPRI. Estados Unidos gasta cerca de un billón de dólares anuales en defensa, una cifra que triplica a China y sextuplica a Rusia. Esta inversión representa el 37% del gasto militar mundial, superando a sus dos principales competidores combinados.

Esta superioridad no es solo numérica, sino cualitativa. La red de más de 750 bases militares estadounidenses permite una respuesta inmediata en cualquier rincón del planeta, algo que Rusia, con menos de 20 bases, y China, con apenas una instalación principal en Yibuti, no pueden siquiera emular en el corto plazo.

El Presidente Trump junto a las fuerzas armadas de los Estados Unidos.

La caída de Maduro y el cambio de régimen en Irán demuestran que el orden global sigue teniendo un guardián definido. Rusia y China pueden recurrir a la retórica en la ONU, pero cuando la voluntad de la libertad se manifiesta con decisión, los tiranos suelen quedarse solos y desprotegidos ante la realidad del poder.

Como afirmaba Ronald Reagan, la paz se logra a través de la fuerza y la disuasión clara. La lección que nos está dando este 2026 es que las alianzas de papel y los regímenes totalitarios se desvanecen ante la proyección real de poder. El espejismo de un mundo liderado por autocracias ha sido reemplazado por la realidad de una nación que no pide permiso para proteger la libertad regional.

Samuel Poleo Valiente

Samuel Poleo Valiente

Periodista de UHN Plus. Analista y comunicador venezolano especializado en política internacional.

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