El Banco Central de Libia anunció este sábado la firma de un presupuesto nacional unificado, el primero desde que el país se fracturara en dos administraciones rivales en 2014. El pacto, calificado como un "hito fundamental" por el gobernador Nagi Issa, logra sentar en la misma mesa técnica al Gobierno de Unidad Nacional (GUN) de Trípoli y a las autoridades del este, tuteladas por el mariscal Jalifa Haftar. Este consenso fiscal no solo busca frenar la inflación galopante y la corrupción, sino que establece un límite de gasto de 40.000 millones de dinares (unos 5.372 millones de euros) para proyectos de desarrollo compartido en todo el territorio.
La pieza clave de este éxito ha sido la intervención directa de los Estados Unidos a través de Massad Boulos, asesor principal para Asuntos Africanos del presidente Donald Trump. Boulos, quien mantuvo conversaciones estratégicas con el mariscal Haftar y el primer ministro Abdelhamid Dbeiba, ha liderado una mediación basada en la estabilidad financiera y el fortalecimiento de la infraestructura petrolera. La visión de Washington se mantiene en que una Libia unificada es esencial para la seguridad energética global y para contener la inestabilidad en el Mediterráneo, desplazando la influencia de actores externos que se beneficiaban del desorden.
“Este acuerdo marca el primer consenso sobre el gasto unificado en más de trece años, basado en la capacidad financiera real del Estado para un desarrollo equilibrado”, celebró el Banco Central libio en su comunicado oficial.

Más allá de los números, el acuerdo presupuestario es la base de una propuesta política mucho más ambiciosa. Fuentes diplomáticas indican que el plan de Estados Unidos incluye un reparto de poder que otorgaría a Saddam Haftar (hijo del mariscal y líder militar) el mando supremo del Ejército y la jefatura del Consejo Presidencial. Por su parte, Dbeiba se mantendría como primer ministro nacional y jefe de la cartera de Defensa. Este esquema de "Ley y Orden" busca integrar la disciplina militar del este con la gestión administrativa del oeste, cerrando finalmente la herida abierta tras la caída de Muamar Gadafi en 2011.
El primer ministro Dbeiba agradeció públicamente el "apoyo técnico del Departamento del Tesoro de EE. UU." y elogió el liderazgo de Boulos en las negociaciones. Para la administración Trump, este logro es una validación de su doctrina de resultados tangibles frente al multilateralismo estéril del pasado. Al asegurar la financiación de la compañía petrolera nacional, el acuerdo garantiza que Libia pueda aumentar su producción de energía, beneficiando tanto la prosperidad del pueblo libio como la de sus socios internacionales, en un momento donde el suministro de crudo es una prioridad estratégica.