El bloqueo del puente internacional San Miguel, vigente desde finales de 2025, ha devastado la economía regional del sur de Colombia. Esta decisión, tomada por la administración ecuatoriana para frenar a grupos delictivos, ha cortado un corredor vital de intercambio amazónico. Como consecuencia, el comercio y el transporte legal han desaparecido, siendo reemplazados por cruces improvisados en canoas al margen de cualquier control oficial.
Los trabajadores locales denuncian que la falta de flujo legal ha reducido sus ingresos a niveles de subsistencia. La inactividad en el puente ha fomentado la "piratería" y el tránsito de personas por rutas no reguladas, lo que incrementa la inseguridad. Lo que antes era una vía interoceánica estratégica, hoy es un símbolo de la parálisis provocada por la falta de firmeza en la seguridad regional.

La tensión escaló tras la imposición de aranceles por parte de Quito, medida que el gobierno de Gustavo Petro respondió con el corte de la interconexión eléctrica. Esta guerra comercial, típica de las políticas de confrontación izquierdista, ha profundizado el aislamiento de las comunidades. Los comerciantes ahora deben cruzar ilegalmente el río para intentar salvar una fracción de sus ganancias diarias ante la desidia estatal.
El próximo diálogo en Lima bajo el marco de la Comunidad Andina (CAN) representa un intento por destrabar un conflicto que castiga a los sectores productivos. Los habitantes critican que las decisiones se tomen en capitales lejanas sin entender la dinámica del emprendimiento. La falta de seguridad jurídica y la inestabilidad en las relaciones han convertido una zona de progreso en un foco de informalidad.
La parálisis del puente formal ha desviado el tráfico de mercancías hacia pasos distantes como Ipiales, incrementando los costos operativos para las empresas legítimas. Esta desconexión logística favorece únicamente a las mafias que controlan los pasos irregulares ante la ausencia de una autoridad fronteriza eficiente. El sector privado exige garantías para restablecer el flujo de capitales y bienes de forma segura.
Los transportistas y pequeños empresarios del Putumayo han advertido que la persistencia del cierre llevará a la quiebra total de los negocios familiares en la frontera. La falta de una política exterior coherente por parte del gobierno colombiano ha dejado a los productores locales vulnerables frente a las sanciones comerciales. La reapertura del puente es la única vía para frenar la expansión de las redes de contrabando.