El diplomático Peter Lamelas afirmó que el periodo de observación ha terminado y que las condiciones actuales son inmejorables para el desembarco de capitales. Según Lamelas, su designación tiene una directiva clara de la Casa Blanca: trabajar codo a codo con el sector privado para asegurar que Argentina recupere su senda de crecimiento. Para el embajador, el alineamiento en principios de libre mercado y desregulación no es una cuestión de ideología, sino un motor de progreso real que beneficia a ambas naciones y fortalece las cadenas de valor estratégicas.

Lamelas destacó que el país posee recursos que el mundo demanda con urgencia, desde la energía en Vaca Muerta hasta minerales críticos como el litio y el cobre. Sin embargo, subrayó que lo que realmente marca la diferencia hoy es el "coraje político" para implementar cambios estructurales que brindan seguridad jurídica a largo plazo. Al eliminar trabas burocráticas y reducir la intervención estatal, el Gobierno argentino ha logrado enviar un mensaje de confianza que los mercados ya están empezando a capitalizar.
“El momento de mirar a Argentina ya pasó. El momento de actuar es ahora y la decisión es de ustedes. Inviertan ahora”, declaró Lamelas ante el círculo rojo empresarial.
El embajador también puso en valor herramientas concretas como el reciente Acuerdo Recíproco de Comercio e Inversiones (ATI), que simplifica los procesos de importación y exportación, premiando la innovación y la competencia. Para los sectores conservadores, este renovado vínculo con Estados Unidos representa un retorno a la racionalidad diplomática, alejando al país de alianzas con regímenes opacos y priorizando la integración con el principal inversor extranjero del país.
En sus declaraciones finales a la prensa, Lamelas pidió paciencia ante la magnitud de las reformas, recordando que el proceso de transformación apenas lleva dos años. Su mensaje fue de optimismo cauteloso pero firme: por primera vez en mucho tiempo, Argentina tiene un rumbo predecible. La invitación del diplomático es, en definitiva, una validación del modelo de libertad económica como la única vía posible para que el país recupere su estatus como potencia regional y destino de excelencia para el capital global.