El Pentágono analiza la instalación de potentes láseres antidrone en el espacio aéreo de Washington DC tras detectarse aeronaves no tripuladas en Fort Lesley McNair. En esta base residen figuras críticas del gabinete, como el secretario de Defensa, Pete Hegseth, y el secretario de Estado, Marco Rubio. La medida busca garantizar la continuidad del mando ante posibles amenazas externas.
Esta decisión se enmarca en un contexto de crecientes hostilidades con el estado terrorista de Irán, lo que ha obligado a reforzar la seguridad de funcionarios. Según reportes, el despliegue del sistema láser busca cerrar brechas de vulnerabilidad en la capital. El debate sobre su uso ha escalado hasta los niveles más altos de la seguridad nacional estadounidense.

La implementación del sistema, denominado LOCUST y fabricado por AeroVironment Inc., ha generado fricciones entre el Pentágono y la Administración Federal de Aviación. La F.A.A. mantiene reservas sobre los riesgos para civiles debido a la congestión del espacio aéreo capitalino. Los técnicos trabajan en integrar datos de vuelo para evitar accidentes con aeronaves comerciales cercanas.
La ubicación de Fort McNair añade complejidad logística al proyecto, ya que se encuentra a solo tres kilómetros del Aeropuerto Nacional Ronald Reagan. La memoria del accidente del Potomac, donde colisionaron un helicóptero militar y un avión de pasajeros, pesa en la evaluación. Por ello, las autoridades exigen protocolos de seguridad extremadamente rigurosos antes de la activación.
Ensayos previos realizados en Nuevo México demostraron que el láser puede neutralizar amenazas sin causar daños estructurales colaterales a otras naves. El teniente coronel Adam Scher confirmó que el sistema funcionó según lo esperado en cada una de las pruebas de intercepción. Estos resultados técnicos son el principal argumento del Departamento de Defensa para acelerar el despliegue.

Para facilitar la operación, la F.A.A. considera emitir avisos especiales a los pilotos que transiten por zonas restringidas de seguridad. Estos protocolos permitirían a los operadores del láser contar con información precisa de ubicación sobre cualquier objeto en el aire. La integración de software avanzado promete incrementar significativamente la protección de las aeronaves civiles circundantes.
El uso de esta tecnología ya ha provocado incidentes operativos, como el cierre temporal del espacio aéreo en El Paso durante una demostración. Aunque la Casa Blanca ordenó la reapertura inmediata, la disputa entre agencias por el control del espacio aéreo continúa vigente. El Pentágono presiona para que estas herramientas se utilicen también contra el narcotráfico en la frontera.
La urgencia aumentó tras nuevos avistamientos de drones que pusieron en alerta máxima a las unidades de defensa en la capital. Informes sugieren que el Pentágono incluso contempló la reubicación de secretarios como medida de protección extraordinaria ante la persistencia de las aeronaves desconocidas. La vigilancia en Fort McNair se ha intensificado notablemente en los últimos días.
El presidente Donald Trump ha respaldado públicamente la transición hacia estas defensas tecnológicas por su eficiencia y bajo costo operativo. El mandatario destacó que los láseres de última generación realizarán pronto el trabajo de sistemas de misiles más costosos y complejos. Esta visión estratégica impulsa la modernización del arsenal defensivo dentro del territorio estadounidense.
Finalmente, la F.A.A. enfrenta duras críticas por la gestión de la seguridad aérea tras recientes siniestros en aeropuertos principales del país. La escasez de personal en las torres de control y los fallos de comunicación complican la adopción de nuevas tecnologías de defensa activa. El gobierno busca equilibrar la protección contra drones con la seguridad operativa del transporte comercial.