Bajo el romántico nombre de "Amor Revolucionario", una boda celebrada en Jamaica en 2017 marcó el inicio de la mayor operación de infiltración ideológica que ha sufrido Estados Unidos en décadas. El magnate Neville Roy Singham y su esposa, la activista Jodie Evans (cofundadora de CodePink), han construido una maquinaria de propaganda transnacional financiada con 278 millones de dólares para librar una "Guerra del Pueblo" cognitiva contra los ciudadanos estadounidenses. Esta red, que ya suma unas 2.000 organizaciones, no responde a intereses sociales, sino a las ambiciones geopolíticas del Partido Comunista Chino (PCCh).
Singham, un admirador confeso de Mao Zedong que reside en Shanghái, utiliza fundaciones exentas de impuestos y cuentas en paraísos fiscales para alimentar grupos que justifican a las dictaduras de China, Rusia, Irán y Cuba. Mientras estos "tankies" inundan las calles con consignas anti-americanas, su líder se dedica a reescribir la historia en foros del PCCh, despreciando el sacrificio de los soldados que murieron en la Segunda Guerra Mundial frente al fascismo.
"Singham y Evans están trayendo al siglo XXI el sueño de Mao de una Guerra del Pueblo... una Guardia Roja que busca destruir a los EE. UU. desde dentro", denuncia la activista Xi Van Fleet.
Esta red utiliza cinco niveles de ingeniería financiera para ocultar el rastro del dinero, incluyendo fondos vinculados a grandes entidades como Goldman Sachs (que ya ha cortado lazos con el magnate). Entidades como The People’s Forum actúan como centros de mando para coordinar disturbios y agitación callejera, mientras que su brazo mediático, BreakThrough News, se encarga de difundir la narrativa de Pekín en suelo americano. No se trata de activismo, sino de una estructura paramilitar de propaganda con "comisarios políticos" que tachan de "terroristas" a los periodistas que investigan sus cuentas.

Mientras el gobierno federal investiga esta red, sus líderes siguen operando con total impunidad, llegando incluso a viajar a Cuba para apoyar al régimen castrista en plena crisis. Singham ha dejado claro su objetivo en foros internacionales: "deconstruir" la historia de Occidente y restaurar la "verdad" de China y la Unión Soviética como los únicos salvadores de la humanidad. El uso del himno "La Internacional" al finalizar sus eventos en Shanghái es la prueba definitiva de que su lealtad no está con la Constitución, sino con la bandera roja de la tiranía comunista.