En un movimiento de autoridad sin precedentes, el gobierno del presidente Daniel Noboa ha movilizado a más de 75.000 efectivos de las fuerzas de seguridad en las provincias de El Oro, Guayas, Los Ríos y Santo Domingo de los Tsáchilas. Bajo el lema "Estamos en guerra", el Ministro del Interior, John Reimberg, dejó claro que el Estado ya no retrocederá ante el crimen organizado, imponiendo toques de queda nocturnos para limpiar las calles de la escoria delictiva que ha desangrado al país.
🇪🇨‼️ | Las Fuerzas Armadas de Ecuador comenzaron a desplegar personal en distintos puntos de control en Guayaquil como parte de la nueva fase de la “Ofensiva Total” y del toque de queda ordenado por el gobierno. El operativo busca reforzar la seguridad en una de las ciudades más… pic.twitter.com/CY43GmEzqm
— UHN Plus (@UHN_Plus) March 16, 2026
Esta ofensiva no es un esfuerzo aislado, sino el resultado directo de la alianza estratégica sellada en Mar-a-Lago entre Noboa y el Presidente Donald Trump. Durante la cumbre "Escudo de las Américas", Trump fue categórico al calificar a las bandas criminales como un "cáncer" que debe ser extirpado mediante la fuerza militar. Ecuador, ubicado geográficamente entre los mayores productores de cocaína del mundo, ha aceptado el desafío de convertirse en el bastión de la libertad y el orden en el hemisferio occidental, cortando la ruta que mueve el 70% de la droga producida en la región.
«Durante demasiado tiempo, las mafias creyeron que Estados Unidos era su territorio... Se les acabó el tiempo», sentenció Noboa tras su encuentro con Trump, marcando el fin de la era de la permisividad y el inicio de la mano dura transnacional.
La cooperación con Washington ha pasado de las palabras a los hechos de forma inmediata. La apertura de la primera oficina del FBI en suelo ecuatoriano la semana pasada y la puesta en marcha de operaciones conjuntas contra el narcotráfico demuestran que el gobierno de Noboa tiene el respaldo de la mayor potencia del mundo. Esta "nueva fase" busca revertir la tendencia al alza en la violencia que el país heredó de gestiones pasadas, aplicando ahora el principio de autoridad que las familias ecuatorianas exigen para recuperar su tranquilidad.