Sardar Azmoun, el legendario delantero de 31 años y segundo máximo artillero de la historia de Irán, ha sido expulsado de la selección nacional y marcado con el estigma de "traidor a la patria". El pecado del futbolista, que actualmente milita en el Shabab Al-Ahli, fue compartir en sus redes sociales el honor de conocer a los gobernantes de los Emiratos Árabes Unidos, calificándolos como "mentes brillantes". Un gesto de cortesía deportiva que, para la dictadura teocrática, supone una puñalada por la espalda en medio de la actual escalada bélica.

La expulsión de Azmoun es otra prueba de un régimen que se desmorona y que, ante su incapacidad militar frente a la "Operación Furia Épica" de Trump, busca chivos expiatorios entre sus ciudadanos más brillantes. El castigo a un deportista de élite por un simple saludo diplomático en el país donde reside demuestra que en la República Islámica la libertad individual ha muerto, enterrada bajo el fanatismo de una Guardia Revolucionaria que prefiere ver su selección hundida antes que permitir un ápice de pensamiento propio.
“No debemos andarnos con rodeos. Estas personas no son dignas de vestir la camiseta nacional. Solo queremos jugadores que entonen con orgullo el himno y merezcan representar a Irán”, sentenció con dureza la televisión pública iraní, alineada con la purga.
La agencia oficial Fars, brazo propagandístico de los ayatolás, ha sido la encargada de difundir el odio contra el delantero. Según el régimen, Azmoun ha cometido una "nueva traición" al no condenar los ataques de EE. UU. e Israel, mientras se fotografía con mandatarios de los Emiratos, país al que Teherán acusa de cooperar con Occidente.
La realidad es que Azmoun siempre ha sido una piedra en el zapato para los clérigos. En 2022 alzó la voz contra el asesinato de la joven Mahsa Amini, desafiando a la Policía de la Moral. Si entonces logró jugar el Mundial de Qatar bajo la protección de Carlos Queiroz, hoy, con el país en pie de guerra, su destino parece sellado entre la confiscación de sus bienes y un proceso judicial.
La selección de Irán sigue adelante con sus amistosos ante Nigeria y Costa Rica, pero lo hará sin el hombre que ha gritado 57 goles con su camiseta. La ausencia de Azmoun en el próximo Mundial no es solo una pérdida deportiva, es un símbolo del aislamiento total al que los ayatolás están arrastrando a su pueblo.