El jefe del Poder Judicial, Golamhosein Mohseni Ejei, ha dado instrucciones terminantes para que los tribunales revolucionarios juzguen de forma inmediata y sin tolerancia a quienes califica de "traidores" y "vendepatrias". En el contexto de las hostilidades con Estados Unidos e Israel, cualquier ciudadano bajo sospecha de colaborar con potencias extranjeras se enfrenta a procesos carentes de garantías cuya sentencia previsible es la ejecución.
Ejei ha justificado el uso de la horca como una herramienta necesaria para garantizar la "seguridad psicológica" de la nación, lo que en la práctica se traduce en una cacería contra opositores, activistas digitales y cualquier persona con vínculos en el extranjero. Ya hay cientos de personas detenidas desde el inicio de la operación 'Furia Épica' el pasado 28 de febrero.
"La identificación de elementos traidores y su presentación ante el sistema judicial... desempeñan un papel muy importante... no habrá indulgencia ni tolerancia", afirmó Ejei.
La paranoia de Teherán no se detiene en sus fronteras; el Poder Judicial ha anunciado la apertura de expedientes contra iraníes residentes en el exterior acusados de "colaborar con el enemigo". Según la agencia oficial Mizan, estas imputaciones se basan en informes de inteligencia y delaciones anónimas, creando un clima de persecución transnacional. Mientras el Pentágono planifica incursiones para neutralizar la amenaza nuclear de los ayatolás, el régimen responde sacrificando a su propia población bajo la acusación de socavar la seguridad nacional a través de las redes sociales o campañas de información.
"La pena prevista para estos delitos es la ejecución", sentenció el responsable judicial.
La cúpula militar iraní intenta compensar sus fracasos estratégicos mediante la retórica belicista y el asesinato legal. El presidente del Parlamento, Mohammad Bagher Ghalibaf, ha calificado el conflicto como una "etapa crítica" y ha amenazado con atacar activos navales estadounidenses como el portaaviones USS Abraham Lincoln. Sin embargo, esta agresividad externa contrasta con la fragilidad de un sistema que necesita amenazar con ejecuciones masivas para mantener la lealtad de sus filas. La insistencia en lemas como "sin concesiones, sin rendición" refleja un fanatismo que prefiere la aniquilación antes que la aceptación de un nuevo orden regional basado en la paz y el fin del patrocinio al terrorismo.