Incapaces de defender sus cielos de los cazas de quinta generación estadounidenses, los clérigos radicales buscan ahora asaltar el bolsillo de las naciones civilizadas. La propuesta pretende recaudar 100.000 millones de dólares anuales mediante el secuestro de una ruta marítima internacional, un botín de guerra con el que Teherán espera financiar su supervivencia tras ver cómo su cúpula de mando ha sido sistemáticamente "eviscerada" por la administración Trump.
Esta maniobra de chantaje energético ha disparado los precios del crudo por encima de los 100 dólares, castigando a las familias trabajadoras de todo el mundo. La Guardia Revolucionaria, actuando como una banda de forajidos con uniforme, ha impuesto una "apertura selectiva" que solo beneficia a sus socios de conveniencia como China y Rusia, mientras veta de forma sectaria a Estados Unidos e Israel.

La respuesta del presidente Donald Trump ha sido tajante al afirmar que Estados Unidos no gastará un solo dólar del contribuyente en patrullar gratis el estrecho para naciones que no mueven un dedo por su propia seguridad. Al negarse a participar en las estériles mesas de diálogo diplomático, Trump ha dejado claro que la seguridad de Ormuz es un problema de los importadores.
El intento de Irán de exigir pagos en yuanes o criptomonedas para evadir el dólar es una burla al sistema financiero que sólo demuestra cuán desesperados están por conseguir divisas ante el colapso total de su moneda, el rial. El plan de peajes en Ormuz no es una muestra de poder, sino el acta de defunción de una dictadura que intenta vender caro su colapso.