El régimen de Mojtaba Khamenei volvió a endurecer su ofensiva interna al ejecutar al joven luchador Saleh Mohammadi, de 19 años, en un acto que ha sido ampliamente denunciado como un asesinato político en medio del conflicto que atraviesa Irán.
Según activistas de derechos humanos, Mohammadi fue ejecutado mediante ahorcamiento público en la ciudad de Qom, tras haber participado en protestas contra el régimen. Su caso se suma al de otros dos manifestantes que también fueron ejecutados, en una escalada represiva que coincide con el contexto de guerra y creciente presión interna.
La ejecución se produjo pese a advertencias del Departamento de Estado de Estados Unidos y a los llamados de figuras destacadas del mundo del deporte, incluidos luchadores iraníes en el exilio que pidieron detener la sentencia.

Para organizaciones y expertos, el mensaje del régimen es claro: utilizar el miedo como herramienta para frenar cualquier intento de protesta o disidencia.
Nima Far, activista de derechos humanos y especialista en lucha iraní, calificó lo ocurrido como “un asesinato político flagrante” y denunció que existe un patrón sistemático de persecución contra atletas que expresan opiniones críticas o participan en movilizaciones.
Today, in Iran, in the middle of a war, the regime executed a 19-year-old national wrestling champion for the crime of joining January protests. 💔
— Masih Alinejad 🏳️ (@AlinejadMasih) March 19, 2026
After signaling to the world, including President @realDonaldTrump, that they would halt executions of protesters, the regime has… pic.twitter.com/GzaoiI71JJ
El caso recuerda al del luchador Navid Afkari, ejecutado en 2020 pese a una fuerte presión internacional, lo que refuerza la percepción de que el régimen utiliza figuras públicas como ejemplo para intimidar a la sociedad.
La reacción internacional no se hizo esperar. Diversos activistas y expertos han reclamado medidas más contundentes, incluyendo un boicot deportivo contra Irán, hasta que se detengan las ejecuciones y se libere a los detenidos por motivos políticos.
Alireza Nader, analista especializado en Irán, advirtió que los atletas dentro del país enfrentan condiciones extremadamente duras y, en algunos casos, son tratados como rehenes del régimen. Sin embargo, sostuvo que debe existir un costo real por este tipo de acciones.
También la activista Masih Alinejad denunció que la ejecución contradice las señales que el régimen había enviado a la comunidad internacional sobre una posible moderación. “Han hecho exactamente lo contrario”, afirmó.
El episodio se produce en un momento de máxima tensión en Irán, donde el régimen enfrenta no solo una guerra externa, sino también una creciente presión interna tras meses de protestas y deterioro social.
En este contexto, la ejecución de Mohammadi se interpreta como una señal de endurecimiento del régimen, decidido a mantener el control a cualquier costo.