El estado terrorista de Irán transmitió a la Casa Blanca una propuesta de diez puntos para finalizar la guerra. El documento, enviado vía Pakistán, exige el fin de las sanciones y de las hostilidades regionales. Esta maniobra ocurre mientras Donald Trump mantiene su advertencia de atacar infraestructuras clave este martes.

La teocracia agresora rechazó el plan previo de 15 puntos entregado por Estados Unidos hace dos semanas. Teherán calificó las condiciones de Washington como "excesivas", intentando imponer sus términos para el control de Ormuz. El régimen busca evitar el "infierno" prometido por Trump tras el bloqueo ilegal del estrecho.
"Nuestra exigencia es el fin de la guerra impuesta, con garantías de que este ciclo no se repetirá".
Fuentes regionales indican que se debate un alto el fuego de 45 días mediado por Pakistán y Egipto. Sin embargo, el portavoz iraní afirmó que no negociarán bajo la presión de los ultimátums republicanos. El régimen pretende ocultar su debilidad militar con una retórica de supuesta firmeza diplomática.
Trump aseguró a Fox News que aún es posible lograr un acuerdo favorable antes de iniciar el ataque. El enviado Steve Witkoff mantiene contactos con el ministro iraní para evaluar una voluntad real de rendición. El objetivo es garantizar el paso libre por aguas internacionales sin los chantajes de Teherán.
El ultimátum vence este martes a las 20:00 horas, marcando el inicio de la destrucción de centrales eléctricas. El estado terrorista teme que una pausa temporal sea aprovechada para el rearme de sus oponentes. La propuesta busca blindar su supervivencia ante la superioridad tecnológica y militar de Occidente.
"Si no hacen algo antes del martes, no tendrán ninguna central eléctrica y no les quedará ningún puente en pie".
La desconfianza hacia la dictadura de los ayatolás marca el ritmo de estas conversaciones críticas. Los 10 puntos de Teherán son vistos como una táctica dilatoria para proteger su infraestructura vital. La administración Trump solo aceptará un acuerdo que neutralice definitivamente la amenaza iraní en la región.
La cuenta regresiva mantiene al mercado global en vilo y al régimen persa en estado de máxima alerta. El destino de la infraestructura de Irán depende de su sumisión a las demandas de libertad de navegación. La firmeza conservadora ha acorralado a una tiranía que se queda sin tiempo.