El gobierno del Reino Unido anunció sanciones contra siete ciudadanos rusos y dos institutos de investigación científica por desarrollar armas químicas ilegales. Según el Ministerio de Relaciones Exteriores de Londres, este programa clandestino está vinculado a los atentados contra el fallecido opositor Alexéi Navalny y el exespía Serguéi Skripal. Las medidas buscan congelar activos y restringir el avance del aparato de inteligencia de Moscú.
Las restricciones bloquean a científicos involucrados en la manipulación del letal agente nervioso Novichok y la toxina Epibatidine. Entre los sancionados figuran los expertos Artur Zhirov, Andrei Antokhin, Sergei Chepur y Vladimir Kondratyev, junto al instituto estatal SC Signal. El Gobierno de Londres sostiene que estas actividades violan flagrantemente las disposiciones internacionales de la Convención sobre las Armas Químicas.

La ministra de Relaciones Exteriores, Yvette Cooper, afirmó que el uso de estas sustancias representa una amenaza directa para la seguridad global. La funcionaria denunció que Moscú continúa utilizando herramientas bárbaras contra civiles inocentes, proyectando estas prácticas incluso en Ucrania. Los análisis de inteligencia occidentales concluyen que la toxina Epibatidine fue empleada en Siberia para provocar el colapso del opositor Navalny.
El historial de uso de agentes químicos por parte del gobierno de Vladímir Putin mantiene en máxima alerta a las agencias de Occidente. El antecedente más grave en territorio británico ocurrió en 2018 en Salisbury, provocando el fallecimiento de la ciudadana Dawn Sturgess. Los aliados de la OTAN insisten en que estas operaciones forman parte de un patrón sistemático de eliminación ejecutado por el estado ruso.
El anuncio de las penalizaciones coincidió con un peligroso incidente de tensión militar en el espacio aéreo del mar de Noruega. El Ministerio de Defensa reportó que cazas F-35 despegaron de emergencia desde el portaaviones HMS Prince of Wales para interceptar un avión de patrulla marítima ruso Bear-F. La aeronave ejecutaba maniobras de espionaje a baja altitud cerca de los buques.
El alto mando militar británico calificó el comportamiento de la tripulación rusa como una acción completamente insegura y poco profesional. Los cazas tácticos de la OTAN escoltaron bajo presión al bombardero hasta lograr desalojarlo por completo del perímetro de seguridad del grupo naval. Este nuevo roce en el norte de Europa expone la constante agresividad del despliegue del arsenal táctico del Kremlin.
Las nuevas sanciones del Reino Unido profundizan el total aislamiento de la comunidad científica financiada por el Ministerio de Defensa ruso. Las corporaciones multinacionales y los bancos tienen prohibido entablar transacciones comerciales o transferencias tecnológicas con los institutos penalizados. Las restricciones debilitan la capacidad de regeneración de armamento complejo por parte del régimen autocrático ruso.
(Con información de Infobae)