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El Senado en Canadá recibe ley que elimina la protección a la fe y los textos sagrados

El Senado hereda el polémico proyecto de ley liberal que elimina las protecciones religiosas del Código Penal, una maniobra que busca criminalizar las convicciones de fe bajo el disfraz de la "lucha contra el odio"

Por UHN Plus
El Senado en Canadá recibe ley que elimina la protección a la fe y los textos sagrados
 Cámara de los Comunes, Canadá. (LA PRESSE CANADIENNE / ADRIAN WYLD).

Tras la aprobación en la Cámara de los Comunes del nefasto proyecto de ley Combatting Hate Act, la normativa avanza hacia el Senado con el objetivo de instaurar una inquisición ideológica sin precedentes. La llegada de Mark Carney al cargo de Primer Ministro, sustituyendo el desgastado liderazgo de Justin Trudeau, coloca al exbanquero central frente a una encrucijada moral: o permite que esta "ley mordaza" proscriba el discurso basado en textos sagrados, o restaura el respeto a la libertad de conciencia que el radicalismo liberal ha intentado erradicar mediante la ingeniería social punitiva.

La eliminación de la exención religiosa en el Código Penal no es una medida de protección para las minorías, sino un arma de guerra cultural diseñada para silenciar a quienes sostienen verdades morales y biológicas inmutables. Al borrar la protección de "buena fe" para quienes citan la Biblia, el Estado canadiense se arroga la autoridad divina de decidir qué partes de la fe son "legales", convirtiendo a los líderes religiosos en potenciales delincuentes por el simple hecho de predicar su doctrina.

"Esta cláusula supone un ataque directo contra las libertades religiosas y el derecho de los padres a educar a sus hijos", han advertido los miembros del Partido Conservador, quienes ven en este texto el inicio de años de censura progresista amparada por el poder estatal.

La reforma es especialmente peligrosa porque otorga una discrecionalidad absoluta a los fiscales al eliminar la necesidad de autorización del Fiscal General para presentar cargos por "propaganda de odio". Esto abre la puerta al acoso judicial sistemático contra iglesias, asociaciones provida y ciudadanos particulares, permitiendo que cualquier activista ideologizado utilice los tribunales para castigar el disenso. Aunque el ministro de Justicia, Sean Fraser, insista con cinismo en que "la fe no será penalizada", la realidad jurídica es que el proyecto de ley deja a los creyentes a merced de una interpretación arbitraria y subjetiva de lo que el gobierno defina como "sentimiento de odio".

"La nueva legislación no penalizará la fe", afirmó Fraser, mientras el texto legal facilita que el ejercicio de la libertad de expresión sea tipificado como delito si ocurre cerca de espacios protegidos por la nueva ortodoxia estatal, asfixiando la manifestación pública de los valores tradicionales.

En una nación que presume de ser democrática, se pretende criminalizar el pensamiento bajo etiquetas ambiguas como "transfobia" o "islamofobia" para blindar una agenda política específica. El nuevo gobierno de Mark Carney debe entender que la prosperidad económica que promete no puede construirse sobre las cenizas de la libertad de expresión. Un Canadá que vigila la conciencia de sus ciudadanos y prohíbe la disidencia religiosa es un Canadá que ha renunciado a su identidad como nación libre para convertirse en un laboratorio de autoritarismo blando donde el "odio" es la excusa universal para la censura.

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