El dirigente socialista Andy Burnham asumió oficialmente como primer ministro del Reino Unido. El rey Carlos III recibió al político izquierdista en el Palacio de Buckingham para encargarle el Gobierno. El relevo institucional se concretó inmediatamente después de la renuncia formal del cuestionado Keir Starmer. Burnham ingresó a la residencia de Downing Street prometiendo un plan económico de diez años.
La transición en el poder se produce tras una intensa crisis interna en el oficialismo laborista. Starmer abandonó la jefatura gubernamental tras acumular múltiples escándalos políticos y contramarchas programáticas. El primer ministro saliente defendió sus dos años de gestión frente a los medios de comunicación. Sin embargo, la apresurada entronización de su sucesor evidencia la urgencia por contener el descontento social.

En su primer discurso oficial, Burnham defendió la necesidad de recuperar la estabilidad macroeconómica. El mandatario socialista anunció medidas inmediatas para subsidiar el encarecimiento diario de la vida cotidiana. Asimismo, prometió utilizar las compras del Estado para forzar una reindustrialización de la economía. Los sectores críticos señalan que sus promesas carecen de precisiones técnicas viables a corto plazo.
El ala derechista británica mantiene bajo estricta observación las propuestas de gasto social formuladas. Burnham impulsó al socialismo presentándose como el dique de contención frente al partido Reform UK. La agrupación antiinmigración de Nigel Farage capitaliza el malestar por la continua llegada de pateras. El avance de las fuerzas conservadoras limita el margen de acción del nuevo programa gubernamental.
El panorama internacional presenta serias dificultades debido al conflicto bélico entre Estados Unidos e Irán. La volatilidad en los precios de la energía amenaza con desestabilizar las previsiones presupuestarias británicas. En materia exterior, el jefe de Estado ratificó un apoyo total al presidente de Ucrania, Volodimir Zelensky. El mandatario de izquierda también gestiona contactos fluidos con la administración norteamericana de Donald Trump.
El nuevo gabinete de izquierda deberá operar bajo estrictas reglas fiscales por el elevado endeudamiento público. La primera decisión de Burnham consistió en eliminar el sistema nacional de identidad digital estatal. El proyecto cancelado pretendía un gasto de mil ochocientos millones de libras en tres años. La administración redirigirá esos fondos públicos hacia partidas de asistencia directa a la población.
Las autoridades de la Unión Europea y de Alemania enviaron mensajes de felicitación al laborista. Las federaciones de contribuyentes advierten sobre los riesgos de aumentar el gasto en asistencia social. Los analistas económicos dudan de la viabilidad de financiar subsidios permanentes con una economía débil. El desempeño de la nueva administración de izquierda será evaluado rigurosamente por el Parlamento.
(Con información de Infobae)