El "sueño americano" ha dejado de ser posible en los estados controlados por el progresismo. Howard Schultz, el arquitecto de Starbucks, ha decidido poner fin a 44 años de residencia en Seattle, huyendo de un entorno hostil donde el Partido Demócrata, liderado por el gobernador Bob Ferguson, ha instaurado una política de saqueo fiscal bajo el disfraz de "justicia social". La aprobación de un nuevo impuesto del 9,9% a los ingresos superiores al millón de dólares y que entrará en vigor en 2028 no es otra cosa que un castigo al éxito, una confiscación punitiva que demuestra la obsesión de la izquierda por desmantelar el tejido empresarial que ellos mismos son incapaces de construir.
La mudanza de Schultz a un exclusivo enclave en Miami es un acto de legítima defensa frente a un sistema que ha decidido que los empresarios son el enemigo a batir. Mientras los demócratas celebran en sus redes sociales el "avance histórico" de un impuesto que promete recaudar miles de millones, la realidad es implacable: el talento y la inversión no se quedan donde se les persigue, sino donde se les garantiza la libertad de prosperar.

La migración hacia estados con gestión fiscal conservadora, como Florida y Tennessee, es la respuesta natural de un mercado que rechaza el intervencionismo estatal. Es el mismo camino que han tomado titanes tecnológicos como Zuckerberg, Page y Brin, cansados de ver cómo sus empresas y patrimonios eran devorados por la maquinaria burocrática de California y Washington. La izquierda, atrapada en su dogma redistributivo, parece no entender que, al asfixiar a quienes generan los empleos y la innovación, lo único que logra es destruir la base imponible sobre la que se sustenta su propio gasto desmedido.
Resulta irónico que, mientras Seattle se vacía de sus mentes más brillantes y de sus motores económicos, estados como Tennessee den la bienvenida a Starbucks con los brazos abiertos. El gobernador Bill Lee ha dejado claro el contraste: la gestión fiscal responsable y los valores sólidos son el único camino para la prosperidad. Mientras el socialismo demócrata convierte sus ciudades en centros de decadencia, inseguridad y altos impuestos, los estados gobernados por la derecha se consolidan como los verdaderos refugios de la libertad y el emprendimiento en Estados Unidos.