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En Brasil el Senado aprueba penas de hasta 5 años por "misoginia" y criminaliza el disenso laboral

Un proyecto de ley impulsado por la izquierda brasileña establece penas de hasta cinco años de prisión por "injuria misógina", convirtiendo críticas o interrupciones en el ámbito laboral en delitos inafianzables e imprescriptibles

Por UHN Plus
En Brasil el Senado aprueba penas de hasta 5 años por "misoginia" y criminaliza el disenso laboral
Presidente de Brasil Luiz Inácio Lula da Silva. (Reuters).

El avance de la agenda de control social bajo el disfraz del progresismo ha alcanzado un punto de no retorno en Brasil. En una votación que refleja la capitulación del sentido común ante la corrección política, el Senado aprobó por unanimidad un proyecto de ley que equipara la misoginia al delito de racismo. La iniciativa, promovida por la senadora Ana Paula Lobato, introduce conceptos tan vagos que cualquier cuestionamiento a la opinión de una mujer en una reunión laboral o un debate público podría terminar en una condena de 2 a 5 años de cárcel, sin posibilidad de fianza.

Equiparar una conducta subjetiva como la "aversión" al racismo (un delito de naturaleza histórica y biológica) es un despropósito jurídico que solo busca amordazar a la oposición y colectivizar la culpa masculina. Al convertir estos supuestos delitos en inafianzables e imprescriptibles, el Estado brasileño se otorga el poder de perseguir a ciudadanos de por vida por expresiones que hoy son interpretadas bajo la lupa ideológica del Ministerio de las Mujeres de Lula da Silva.

“La misoginia es la base de delitos más graves... solo en 2025 se registraron cerca de 7 mil intentos de femicidio”, argumentó la relatora Soraya Thronicke, utilizando estadísticas de violencia extrema para justificar la criminalización de la palabra y el disenso.

El texto aprobado, identificado como PL 896/2023, distingue penas según la "gravedad" del hecho. Mientras que la incitación al odio prevé de 1 a 3 años, la llamada “injuria misógina” eleva la apuesta hasta los 5 años de prisión. Lo más preocupante es que el Senado rechazó explícitamente una enmienda que buscaba proteger las expresiones artísticas, periodísticas y religiosas. Esto deja la puerta abierta para que sacerdotes, humoristas o analistas políticos sean encarcelados si sus visiones del mundo chocan con la interpretación oficial de lo que constituye "superioridad masculina".

“Si un hombre decide interrumpir o cuestionar la opinión de una mujer en una reunión laboral puede ser motivo de misoginia... esta ley es motivo de prisión de 2 a 5 años”, advierten analistas sobre el alcance totalitario de la norma en el día a día de los brasileños.

En lugar de fortalecer las leyes existentes contra la violencia física, el parlamento brasileño optó por una ley que castiga la "intención" y el "decoro". La vaguedad del concepto de misoginia permitirá que la norma sea utilizada como un arma política para silenciar a legisladores de la oposición o a ciudadanos que se atrevan a criticar las políticas de género del gobierno. En un país donde las mujeres ya constituyen más de la mitad del electorado, este tipo de tutelaje estatal parece más una estrategia de control electoral que una verdadera búsqueda de justicia.

Esta ley no protege a las mujeres; las utiliza como excusa para construir un sistema de delación y miedo que socava los cimientos de la democracia liberal. El respeto no se impone por decreto ni con amenazas de prisión; se gana en el mercado de las ideas, ese mismo mercado que el Senado de Brasil ha decidido clausurar.

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