Con el 20% del petróleo mundial atrapado por el bloqueo de facto de la teocracia iraní, la Alta Representante de la UE, Kaja Kallas, ha elegido el camino de la excusa legalista. En lugar de liderar una respuesta contundente ante la agresión iraní, la cúpula de Bruselas prefiere debatir sobre "ámbitos de actuación" y mandatos operativos, confirmando que la Europa institucional ha perdido la brújula de la defensa de sus intereses estratégicos y se niega a tomar las riendas ante el chantaje del régimen de Irán.
La advertencia del Presidente Donald Trump fue directa y puso el dedo en la llaga: la OTAN, una alianza diseñada para la seguridad colectiva, parece estar de vacaciones cuando se trata de asegurar las vías marítimas que sostienen la economía global. La respuesta de Kallas (asegurar que el estrecho está "fuera del ámbito de la OTAN") no es más que una rendición anticipada ante el chantaje de Teherán. Mientras los ayatolás disparan contra buques mercantes y destruyen la paz regional, Europa se pierde en reuniones de ministros y conversaciones estériles con la ONU, negándose a responder al llamado de firmeza de la Casa Blanca.
"Siempre estamos ahí para la OTAN... ¡Sería interesante ver qué país NO nos ayudaría con una tarea tan pequeña como mantener abierto el estrecho!", sentenció Trump en un vídeo difundido por distintos medios.
La propuesta europea de simplemente "modificar ligeramente" la operación 'Aspides' o confiar en una hipotética "coalición de voluntarios" es una burla a la gravedad de la situación. Si la UE fuera una entidad capaz de defenderse a sí misma, no necesitaría pedir permiso a terceros ni esperar a que la ONU, con su inoperancia crónica, dé luz verde a una navegabilidad que debería ser garantizada por la fuerza. La preocupación de Kallas por el posible desabastecimiento de fertilizantes y alimentos en África es, cuando menos, irónica, considerando que es la inacción de Europa la que permite que el régimen iraní controle el grifo de la energía y la economía global.