Un equipo del FBI arribó a La Habana para realizar una investigación exhaustiva sobre el suceso del 25 de febrero en aguas de la isla. El incidente involucró a una lancha procedente de EE. UU. con diez cubanos y abundante armamento a bordo. Washington busca verificar los hechos mediante información independiente ante las versiones contradictorias del régimen.
El régimen de Miguel Díaz-Canel sostiene que sus tropas guardafronteras interceptaron la embarcación tras recibir disparos desde la lancha rápida. Según la versión oficial, los agentes cubanos respondieron al ataque, provocando la muerte de cuatro tripulantes en el acto. Una quinta persona falleció posteriormente, mientras que seis resultaron heridas en el enfrentamiento armado.

Díaz-Canel calificó el evento como una "infiltración armada con fines terroristas" organizada desde territorio estadounidense. Sin embargo, el secretario de Estado, Marco Rubio, enfatizó la necesidad de esclarecer lo ocurrido sin depender de los informes de la inteligencia cubana. Esta visita ocurre bajo la máxima tensión tras el asedio petrolero impuesto por la administración Trump.
La investigación del FBI es un paso crítico para determinar el uso de la fuerza por parte de las autoridades de la isla. Washington planteó por vía diplomática su interés en participar en el esclarecimiento de los hechos. El equipo técnico analizará las pruebas para proteger los derechos de los residentes estadounidenses involucrados en este suceso violento.
Este conflicto se suma a las demandas de cambio democrático que la Casa Blanca ha intensificado recientemente hacia La Habana. Los sobrevivientes permanecen bajo custodia mientras se desarrollan las pesquisas internacionales coordinadas con la contraparte local. La presencia de la agencia federal en suelo cubano marca un hito diplomático bajo la estrategia de presión de Donald Trump.
El presidente cubano anunció que el gobierno de la isla esperaba esta visita para colaborar en la investigación del incidente. Según Díaz-Canel, se brindó información oportuna a la contraparte de EE. UU. sobre los acontecimientos del pasado febrero. La administración Trump mantiene su postura de verificar cada detalle mediante esta misión de inspección en territorio cubano.