El régimen de los ayatolás ha recurrido a una táctica de guerra asimétrica al convocar a estudiantes, artistas y deportistas para rodear las centrales eléctricas del país. Esta movilización busca utilizar a la población civil como escudo ante la amenaza de Donald Trump de acabar la infraestructura crítica si no se libera el tránsito marítimo. La televisión estatal iraní calificó estas instalaciones como "activos nacionales" que deben ser protegidos físicamente por la juventud ante el inminente ataque estadounidense.
El presidente de Irán, Masoud Pezeshkian, confirmó a través de sus redes sociales que millones de ciudadanos han respondido a los mensajes de texto oficiales para ofrecerse como voluntarios de guerra. Pezeshkian incluyó su propio nombre en esta lista de sacrificables, asegurando que está dispuesto a dar su vida por el sistema teocrático. Por su parte, la Guardia Revolucionaria instó a los padres a enviar a sus hijos a cubrir puestos de control que han sido objetivos recurrentes de ataques aéreos.
“Toda una civilización puede ser eliminada en una noche. Todos los puentes de Irán serán diezmados para las 12 de la noche de mañana y todas las centrales eléctricas estarán ardiendo”, advirtió el presidente Donald Trump al reafirmar su fecha límite para el uso de la fuerza.

A pesar de la escalada bélica, mediadores de Pakistán, Egipto y Turquía mantienen gestiones de última hora para evitar la destrucción total de la infraestructura persa. Teherán ha rechazado las propuestas de alto el fuego temporal, exigiendo el levantamiento definitivo de las sanciones económicas a cambio de reabrir el Estrecho de Ormuz. Estados Unidos, aunque abierto a estabilizar el mercado energético, mantiene sus grupos de ataque en posición de combate a la espera de que expire el plazo de las 8:00 PM.