El Gobierno español ha descartado este lunes extender el mandato de la misión europea 'Aspides' hacia el estrecho de Ormuz, ignorando las presiones para reforzar la seguridad marítima ante la escalada en Oriente Medio. El ministro José Manuel Albares sostiene que la vía militar no es la solución, una postura que diversos sectores interpretan como una renuncia a las responsabilidades de defensa de España en el escenario global.

La negativa del Ejecutivo de priorizar la disuasión militar en una ruta comercial crítica ha levantado ampollas en los sectores más pragmáticos de la política exterior. Mientras otros aliados buscan garantías efectivas para el tránsito de buques, la diplomacia española insiste en un diálogo que, hasta el momento, no ha logrado frenar la agresividad de las facciones regionales.
Esta falta de alineamiento con el refuerzo de la seguridad en el estrecho subraya las tensiones internas dentro de la Unión Europea. La estrategia de Albares, enfocada exclusivamente en la diplomacia, es vista por sus críticos como una postura débil que deja a los intereses económicos y energéticos europeos desprotegidos frente a las amenazas externas.
El ministro también ha criticado la relajación de sanciones contra Rusia, aunque mantiene una retórica inmovilista respecto a otros escenarios de conflicto. Esta aparente contradicción en sus prioridades ha generado dudas sobre si la diplomacia española cuenta con el peso necesario para influir en las decisiones que realmente garantizan la estabilidad internacional.