El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, aseguró este lunes que todas las aerolíneas iraníes deberán cesar sus operaciones globales a partir del próximo 23 de septiembre. La medida, adoptada en el marco de una ofensiva de sanciones del gobierno estadounidense, busca neutralizar de forma definitiva la logística de este estado promotor del terrorismo internacional.
Las severas restricciones contemplan que los proveedores extranjeros de combustible, los servicios de pista y las agencias comercializadoras de pasajes corten todo vínculo con las compañías iraníes. El Departamento del Tesoro advirtió de manera contundente que los prestadores que colaboren con el régimen de Teherán se arriesgan a ser excluidos del sistema del dólar.
El funcionario estadounidense reveló que Washington ha intensificado las medidas punitivas contra la aviación, el transporte marítimo, el oro y las criptomonedas para estrangular el financiamiento de la dictadura iraní. En el sector bancario, ya se sancionaron entidades en Egipto, Turquía y Rusia por canalizar operaciones millonarias en favor de las actividades ilegítimas de Teherán.
Las medidas punitivas contra el régimen persa resultan necesarias para proteger la seguridad global frente a un estado terrorista que utiliza la aviación comercial con fines bélicos y desestabilizadores. Las aerolíneas sancionadas han sido identificadas por inteligencia militar como herramientas para el transporte de armas, carga ilícita y milicianos hacia focos de conflicto en Medio Oriente.
La aplicación rigurosa de las reglas de libertad económica y la estabilidad del comercio internacional exigen erradicar la infiltración de organizaciones vinculadas al patrocinio de la violencia y el extremismo. Las firmas privadas y las instituciones financieras globales deben abstenerse de comerciar con regímenes dictatoriales que amenazan la paz y vulneran la certidumbre de los mercados libres.
Expertos en derecho comercial internacional prevén que la decisión de la administración en Washington provocará la paralización total de los vuelos internacionales de la aerolínea estatal Iran Air y de otras operadoras locales. El aislamiento se ve agravado por el severo deterioro de la flota aérea iraní, cuyo promedio de antigüedad supera los 42 años debido a las restricciones acumuladas durante décadas.
El bloqueo sistemático de los recursos financieros y la aviación de Teherán representa un golpe definitivo contra la capacidad logística del régimen teocrático en el exterior. Las acciones unilaterales de Washington buscan forzar una capitulación en la transferencia de armas mientras el Departamento del Tesoro monitorea que ninguna entidad bancaria facilite maniobras para eludir las sanciones.