Una formación conjunta compuesta por cazas furtivos F-35 del Cuerpo de Marines, aviones de reconocimiento P-8 Poseidon y naves cisterna KC-46 sobrevolaron las proximidades de las costas venezolanas. Esta "Patrulla de Presencia Costera Conjunta", confirmada por el Comando Sur, representa un paso más en la estrategia de la Administración Trump para intensificar el cerco militar sobre un régimen que, tras la caída de sus principales cabecillas, intenta aferrarse al poder mientras sus rutas de narcotráfico se ven cada vez más amenazadas.
El general Francis L. Donovan, jefe del Comando Sur, fue tajante al describir la naturaleza de la misión: "Nuestra presencia constante demuestra nuestro compromiso con nuestros socios en la región. Siempre estamos de guardia". La elección de los F-35, aviones de tecnología furtiva de quinta generación, no es casual. Su presencia en las cercanías de Caraballeda y el estado Vargas actúa como un recordatorio tecnológico de la capacidad de respuesta estadounidense ante cualquier intento de desestabilización o movimiento ilícito por parte de las fuerzas leales a Delcy Rodríguez.
Esta operación forma parte de una arquitectura de seguridad regional diseñada para desmantelar las redes criminales que han utilizado a Venezuela como centro de operaciones para el tráfico de estupefacientes hacia el mundo. Mientras Washington mantiene un monitoreo permanente sobre los movimientos de los altos mandos del chavismo, este despliegue aéreo refuerza la premisa de que no hay escondite posible para quienes han convertido al Estado en una empresa del crimen transnacional.
🇺🇸🇻🇪‼️ | ÚLTIMA HORA ⎯ El Comando Sur de Estados Unidos ha ejecutado una misión de vigilancia en aguas internacionales frente al litoral venezolano. La operación contó con el despliegue de dos cazas de quinta generación F-35, un avión de patrulla marítima P-8 y un tanquero… pic.twitter.com/ddYREiaOaz
— UHN Plus (@UHN_Plus) March 9, 2026
Las imágenes difundidas por el Comando Sur muestran la superioridad aérea de una coalición que no tolera la impunidad. A diferencia de las políticas de pasividad del pasado, la actual estrategia estadounidense combina la diplomacia de alto nivel con la presencia física innegociable de su maquinaria de guerra. La advertencia es clara: las rutas que antes servían para el enriquecimiento ilícito de la cúpula roja están ahora bajo el ojo estadounidense, y la capacidad de interceptación está lista para actuar en el momento que sea necesario.
La estabilidad del Caribe no es negociable, y Estados Unidos ha dejado claro que es el garante de ese orden. Mientras la Administración Trump incrementa la presión, queda en evidencia que el régimen venezolano ha perdido su capacidad de maniobra militar y logística en las aguas que solía controlar.