Estudiantes de la Universidad de La Habana se reunieron con el ministro Walter Baluja para denunciar que la falta de electricidad e internet imposibilita el semestre. Tras una protesta en la icónica escalinata, los jóvenes exigieron respuestas ante un plan de contingencia que impone la semipresencialidad. La reunión concluyó sin soluciones concretas, aumentando el descontento en el sector estudiantil.

La crisis en Cuba se ha agudizado debido al bloqueo petrolero de EE. UU., que ha provocado apagones masivos y ha detenido la economía. Los universitarios propusieron incluso detener el curso escolar, ya que el transporte y la conectividad son casi inexistentes. Este lunes, la isla sufrió su sexto apagón nacional en menos de dos años, agravando la tensión social.
Los jóvenes también manifestaron su desconfianza hacia la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), acusándola de no representar sus verdaderos intereses. El malestar se remonta a 2025, cuando las tarifas de internet subieron drásticamente, erosionando la relación entre los alumnos y las autoridades. Los estudiantes critican que las soluciones parciales ofrecidas por Etecsa no resuelven el problema de fondo.
Bajo la presión de la Operación Furia Épica liderada por Trump, el suministro de crudo a la isla ha colapsado, afectando directamente a las instituciones públicas. Esta política de máxima presión busca asfixiar los recursos del régimen para forzar cambios estructurales. El Gobierno cubano, por su parte, admite que el plan de contingencia actual apenas permite mantener los servicios básicos.
La situación refleja el éxito de la estrategia de Washington para limitar la influencia de aliados de Irán en el Caribe. Mientras los estudiantes cubanos luchan por asistir a clases sin luz, la administración Trump reafirma que no habrá concesiones energéticas. La parálisis educativa en La Habana es un síntoma más del aislamiento internacional que enfrenta la dictadura cubana.