El gobierno socialista de España encabeza un bloque que exige asfixiar con impuestos los beneficios de las energéticas. Francia mantiene cautela por temor a un shock de precios incontrolable y el peso de su excesivo déficit público. Estas diferencias fracturan la respuesta común de la Unión Europea frente a la crisis.

Eslovaquia calificó de "absurdas" las sanciones al gas y petróleo rusos y pidió reanudar el diálogo con el Kremlin de inmediato. Esta postura rompe la unidad frente al chantaje energético de los regímenes totalitarios. Los países más dependientes temen un colapso económico si los precios siguen escalando.
"Cuanto más podamos hacer para ahorrar petróleo y combustible para aviones, mejor nos irá".
Ante el bloqueo, la UE liberará más de 400 millones de barriles de sus reservas de emergencia, la mayor cifra de su historia. Aunque el gas de Qatar es limitado, el pánico en los mercados ha disparado las facturas. Los expertos estiman que el coste energético aumentará en 100.000 millones de euros.
Eslovenia prohibió repostar más de 50 litros diarios para evitar el "turismo de combustible" en sus fronteras. En Alemania se debate imponer horarios en gasolineras para controlar las subidas de precios. Estas restricciones reflejan la vulnerabilidad de Occidente ante la inestabilidad provocada por el extremismo.
El comisario de Energía pidió reducir desplazamientos no esenciales y fomentar el teletrabajo para ahorrar diésel. Bruselas teme que las subvenciones directas incentiven el consumo en lugar de reducirlo. La apuesta de la Comisión son medidas de ahorro colectivistas mientras persista la amenaza iraní.
Expertos de Bruegel señalan que las renovables son la única vía para reducir la exposición a los combustibles fósiles. El socialismo español destaca que el 55,5% de su producción es de origen verde, limitando su dependencia del gas. No obstante, las energéticas advierten que nuevos impuestos frenarán la inversión.
Sánchez intenta imponer su modelo como la opción más segura ante los jaques del régimen iraní. El despliegue de eólica y solar ha logrado que el gas solo marque el precio eléctrico en un 15% de las horas. Los analistas coinciden en que una mayor tasa de renovables protege mejor contra las crisis.