La reciente sentencia de la Corte Suprema, con una mayoría de 6 a 3, ha intentado socavar la autoridad presidencial para imponer aranceles bajo la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional (IEEPA). El fallo, redactado por el juez John Roberts, alega una falta de "autorización clara" del Congreso, ignorando el éxito rotundo que estas medidas han tenido para la seguridad nacional.
Pese a este obstáculo judicial, los datos oficiales del Departamento del Tesoro son contundentes: los aranceles generaron ingresos aduaneros netos por $132.000 millones solo en el año 2025. Este flujo de capital no es solo una cifra estadística, sino un motor de recaudación que está saneando las cuentas públicas y reduciendo la dependencia de la deuda externa.

La eficacia de la estrategia arancelaria se refleja específicamente en los más de $4.800 millones recaudados de China y los $2.000 millones provenientes de México, según informes de la CBP. Estas tarifas han servido como una barrera necesaria contra el comercio desleal, permitiendo que la industria manufacturera estadounidense recupere el terreno perdido durante décadas de globalismo.
Desde una perspectiva de responsabilidad fiscal, la Oficina Presupuestaria del Congreso (CBO) estima que estos ingresos podrían reducir el déficit federal en $2,5 billones en los próximos diez años. Esta proyección valida la tesis conservadora de que una frontera comercial fuerte es, en realidad, el pilar de un Estado financieramente solvente y menos gravoso para el contribuyente.
Es imperativo identificar la falacia de autoridad en la que incurren analistas de cadenas como CNN al presentar el fallo judicial como un "veredicto económico" definitivo, juzgando así su efectividad. Un tribunal puede interpretar la legalidad de un estatuto, pero no puede anular la realidad de que estos aranceles han evitado conflictos bélicos y atraído $18 billones en inversión extranjera.

Mientras la burocracia judicial debate tecnicismos, la administración ha impulsado la creación de 687.000 empleos privados y ha logrado que la inversión de capital crezca un 15%. Este dinamismo económico se complementa con la soberanía energética, manteniendo el galón de gasolina por debajo de los $3 gracias a la desregulación y el apoyo a la producción doméstica.
El impacto positivo se extiende al bienestar familiar con las "Trump Accounts",donde el gobierno dota con $1.000 a cada recién nacido para fomentar el ahorro en el S&P 500. Este modelo de "capitalismo para todos" asegura que la recaudación arancelaria se traduzca en un patrimonio real para las futuras generaciones de ciudadanos estadounidenses.
Asimismo, el éxito económico ha financiado el "Great Healthcare Plan", permitiendo que sitios como TrumpRx.gov reduzcan drásticamente el precio de medicamentos críticos como la insulina a solo $25. Se demuestra así que la firmeza comercial no solo fortalece al Estado, sino que devuelve el poder adquisitivo directamente a los bolsillos de la clase trabajadora.
Finalmente, la política exterior de "Paz a través de la Fuerza" ha dado frutos con la creación de la "Junta de Paz para Gaza", financiada con $10.000 millones de capital estadounidense. Los aranceles, lejos de ser un lastre, han sido la herramienta diplomática definitiva para estabilizar regiones en conflicto y reafirmar el liderazgo de los Estados Unidos en el mundo.