El presidente de la Federación Italiana de Fútbol (FIGC), Gabriele Gravina, presentó su dimisión este jueves tras el desastre deportivo de la selección nacional. La derrota en la tanda de penaltis ante Bosnia desató un terremoto mediático que dejó al empresario sin respaldo político ni social. Gravina comunicó su decisión irrevocable durante una reunión de emergencia en la sede de la federación en Roma.

La salida del dirigente pone fin a un ciclo marcado por la incapacidad de devolver a Italia a la élite del fútbol mundial. Tras el fracaso del martes, las críticas arreciaron contra la gestión de la FIGC, exigiendo una renovación profunda en las estructuras del calcio. El organismo informó que el próximo 22 de junio se celebrarán elecciones para elegir al sucesor que liderará la reconstrucción.
A la renuncia de Gravina se sumó la de un ícono histórico: Gianluigi Buffon. El legendario portero, quien se desempeñaba como jefe de delegación, anunció su salida inmediata calificándola como un "acto de responsabilidad". Buffon expresó su profundo dolor por no haber cumplido el objetivo de clasificar al Mundial, compartiendo la angustia de los aficionados italianos.
El exguardameta reveló que su intención original era dimitir apenas terminó el encuentro contra Bosnia, pero se le pidió esperar a las reflexiones institucionales. "Ahora que el presidente ha dado un paso al costado, me siento libre", afirmó Buffon en sus redes sociales. El histórico líder deja su cargo para permitir que la nueva administración elija con libertad absoluta a sus colaboradores.

Buffon destacó que, aunque se logró construir un buen espíritu de grupo junto al técnico Rino Gattuso, el resultado deportivo fue insuficiente. Para el exfutbolista, el epílogo de esta experiencia es doloroso pero necesario para el bien del equipo nacional. La salida de ambas figuras clave deja a la selección italiana en un estado de acefalía técnica y administrativa sin precedentes.
La FIGC emitió un comunicado oficial confirmando que Gravina informó a los máximos representantes de las federaciones integrantes sobre su renuncia. El documento detalla que la reunión en la sede romana sirvió para formalizar el fin de su mandato de forma inmediata. Los directivos deportivos ahora enfrentan la presión de organizar un proceso electoral transparente en menos de tres meses.
Finalmente, la federación trabajará en un periodo de transición para garantizar la operatividad de las competiciones nacionales mientras se define el nuevo liderazgo. El vacío de poder tras las salidas de Gravina y Buffon obliga a una reestructuración urgente del cuerpo técnico y la dirección deportiva. La mirada del fútbol italiano está puesta ahora en la asamblea del 22 de junio.