Los bomberos en el este de Bélgica trabajaron sin descanso durante la noche para combatir el mayor incendio forestal jamás registrado en el país, el cual ha quemado más de 3.000 hectáreas (27 kilómetros cuadrados) de terreno y avanza hacia la frontera con Alemania. La conflagración se desató el pasado viernes en la reserva natural de las Altas Fagnes (High Fens), ubicada en la provincia de Lieja, impulsada por las elevadas temperaturas que dejó la quinta ola de calor del verano en territorio europeo.
Frente a la magnitud del siniestro, las autoridades belgas activaron el mecanismo de protección civil de la Unión Europea para solicitar refuerzos internacionales. En respuesta, la UE desplegó helicópteros y aviones cisterna, que se sumaron al operativo en tierra integrado por más de 250 efectivos, entre bomberos belgas, alemanes y luxemburgueses, además de agentes de policía, agricultores y unidades del ejército que apoyan el levantamiento de líneas defensivas para contener el frente.

La emergencia obligó a la evacuación preventiva de unos 600 residentes de los municipios de Waimes y Bütgenbach tras un cambio repentino en la dirección del viento que propagó densas columnas de humo hacia las zonas habitadas. Aunque la oficina del gobernador provincial de Lieja, Hervé Jamar, confirmó que hasta la mañana del domingo ninguna vivienda había sido alcanzada por las llamas, las autoridades ordenaron a las familias evacuadas no regresar a sus hogares e instaron a los turistas a abandonar el perímetro de seguridad.
Por su parte, la ciudad alemana de Monschau, situada en las cercanías de la línea fronteriza, emitió un aviso a sus pobladores ante la inminente llegada de altos niveles de contaminación por humo. Aunque los equipos de respuesta confían en que el descenso de las temperaturas y la llegada de humedad ayuden a sofocar las llamas, el municipio alemán recomendó la evacuación voluntaria de las zonas limítrofes como medida de precaución.
El actual siniestro supera el récord histórico previo de 2011, cuando un incendio forestal destruyó cerca de 1.400 hectáreas en la misma reserva natural. Científicos y expertos ambientales han reiterado que las condiciones extremadamente secas y las olas de calor recurrentes asociadas al cambio climático han incrementado la frecuencia y la severidad de este tipo de desastres en el continente.
(Con información de Reuters y Associated Press)