Los ministros de Exteriores de Irak y Arabia Saudita acordaron impedir que el territorio iraquí sirva como plataforma para agresiones armadas contra naciones vecinas. La reunión bilateral se celebró en Amán tras los recientes bombardeos defensivos lanzados contra grupos proiraníes. Las autoridades subrayaron la importancia de preservar la estabilidad en la región Middle East.
La cumbre diplomática ocurrió semanas después de que las fuerzas de seguridad repelieran ataques con drones atribuidos a las milicias extremistas. En respuesta, operaciones conjuntas de Arabia Saudita y Estados Unidos neutralizaron posiciones clave de las Fuerzas de Movilización Popular. El despliegue aliado buscó frenar las hostilidades continuadas de los grupos radicales en la zona.
El gobierno iraquí reiteró su compromiso para consolidar el monopolio estatal sobre el uso de la fuerza y desarmar a los grupos irregulares. Sin embargo, facciones beligerantes como Kataib Hezbollah rechazaron someterse a las autoridades de Bagdad. El grupo extremista amenazó con ampliar su arsenal militar y continuar sus acciones contra intereses occidentales.

Las Fuerzas de Movilización Popular constituyen una estructura fragmentada integrada por diversas milicias alineadas directamente con el régimen de Teherán. Pese a los llamamientos del Ejecutivo, los sectores más radicales condicionan el desarme a la retirada completa de las tropas de la coalición internacional. La intransigencia de estos grupos mantiene en alerta al aparato de seguridad nacional.
Durante los diálogos en Jordania, las delegaciones coordinaron los preparativos de una misión de seguridad de alto nivel hacia territorio saudí. Ambas naciones coincidieron en la urgencia de contener las interferencias de potencias extranjeras en los asuntos internos de los Estados árabes. La iniciativa pretende blindar las fronteras frente a las amenazas terroristas.
El proceso de entrega de armamento enfrenta un plazo límite fijado para el próximo mes de septiembre. Algunas facciones aceptaron transferir sus brigadas a la estructura oficial, mientras que los núcleos proiraníes mantienen su desafío al Estado. La falta de control amenaza con profundizar la inestabilidad política de la nación.
La cooperación con el Reino de Arabia Saudita resulta decisiva para frenar la expansión de los grupos patrocinados por Irán. El éxito de estos acuerdos dependerá de la capacidad real de Bagdad para someter a las milicias rebeldes. La comunidad internacional sigue con atención el desarrollo de las medidas de seguridad.
(Con información de AP y Reuters)