Tras el ultimátum de Donald Trump, quien ha dado a los ayatolás un plazo de 48 horas para reabrir el estrecho de Ormuz bajo amenaza de arrasar sus centrales eléctricas, la Guardia Revolucionaria de Irán ha afirmado que si una sola planta eléctrica es golpeada, el cierre de la vía marítima más estratégica del mundo será "total" y permanente.
Mientras el Presidente estadounidense asegura haber borrado a Irán del mapa en términos de defensa aérea y naval, los ayatolás pretenden seguir secuestrando la economía global bloqueando el crudo. Trump ha sido claro sobre que no habrá acuerdos con terroristas. Si en menos de dos días el estrecho no es navegable para todos, Estados Unidos comenzará por destruir la central eléctrica más grande del país, sumiendo a Irán en una oscuridad técnica de la que no podrá recuperarse.

En la respuesta de la Guardia Revolucionaria además del cierre de Ormuz, han amenazado con atacar infraestructuras de tecnología de la información y plantas de desalinización de Estados Unidos e Israel en la región.Este domingo, el presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, calificó la situación como una "nueva fase de la batalla", jactándose de que los misiles iraníes lograron penetrar el escudo defensivo israelí en Dimona y Arad, dejando al menos 175 heridos.
En este clima de preguerra total, la comunidad internacional observa con parálisis. Mientras el G7 expresa su disposición a "tomar todas las medidas necesarias" para garantizar el suministro de petróleo, países como España han quedado al margen de la firmeza aliada, provocando la ira de la Casa Blanca. El Pentágono, por su parte, ya ha movilizado a otros 2.500 marines y mantiene bajo vigilancia objetivos clave como la central nuclear de Bushehr o la planta de gas de Damavand.