El presidente del Parlamento iraní, Mohamad Baqer Qalibaf, utilizó un lenguaje violento para advertir sobre las consecuencias de una incursión en la isla de Jarg, punto desde donde el régimen despacha el 90% de su petróleo. Esta retórica, propia de un actor que utiliza sus recursos energéticos como herramienta de chantaje, busca amedrentar a la administración Trump mientras la inestabilidad en las rutas marítimas persiste.
Qalibaf, vinculado históricamente a la Guardia Revolucionaria, intentó personalizar su hostilidad hacia el presidente estadounidense, dejando claro que el régimen de los ayatolás mantiene su postura desafiante a pesar del aislamiento internacional. Esta amenaza se suma a la reciente ofensiva iraní, que incluye ataques deliberados contra buques petroleros en aguas territoriales de Irak, profundizando la crisis regional.

El posible control de la isla de Jarg por fuerzas especiales occidentales representaría un golpe devastador para la capacidad de financiamiento de las agresiones iraníes. Según reportes, el régimen ha mantenido activas sus exportaciones de crudo a través del Estrecho de Ormuz de forma irregular, incluso mientras el tráfico internacional en esta zona estratégica permanece prácticamente paralizado por su propia conducta hostil.
El conflicto, que ha superado en duración a los enfrentamientos de junio de 2025, se mantiene activo por la negativa de Teherán a cesar sus operaciones de sabotaje naval. Pese a las medidas de emergencia implementadas por la AIE para contener el alza de los precios, el mercado global sigue bajo una presión extrema debido a las acciones de un régimen que continúa poniendo en riesgo la seguridad energética mundial.