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Irán vuelve a bloquear el Estrecho de Ormuz y rompe la tregua tras la ofensiva de Israel contra Hezbolá

El régimen de los ayatolás interrumpe de nuevo el tránsito de petroleros en el paso estratégico, desafiando el acuerdo de dos semanas alcanzado con Washington. Teherán utiliza el bloqueo como represalia por el exitoso ataque israelí contra las bases terroristas en Líbano

Por UHN Plus
Irán vuelve a bloquear el Estrecho de Ormuz y rompe la tregua tras la ofensiva de Israel contra Hezbolá
Imagen de archivo/barco en el Estrecho de Ormuz. ( EFE/ALI HAIDER).

La tiranía iraní ha vuelto a demostrar que su palabra carece de valor en la mesa de negociaciones. Apenas unas horas después de que se anunciara un alto el fuego de 14 días mediado por Pakistán, la agencia Fars, brazo propagandístico de la Guardia Revolucionaria, confirmó que Irán ha detenido nuevamente la navegación de buques petroleros por el Estrecho de Ormuz. El bloqueo se produce como una respuesta desesperada del régimen ante la ofensiva total de Israel contra Hezbolá, que ha dejado descabezada a la milicia proiraní en Líbano con más de 160 bombardeos concentrados.

Este nuevo acto de piratería internacional rompe uno de los pilares fundamentales del acuerdo gestionado por la administración de Donald Trump, que exigía la reapertura inmediata de la vía marítima más crítica para el comercio energético mundial. Tras permitirse el cruce de los dos primeros barcos bajo una paz frágil, Teherán ha optado por retomar el chantaje petrolero, demostrando que su prioridad sigue siendo la supervivencia de sus satélites terroristas por encima de cualquier compromiso diplomático o de la estabilidad regional.

“El paso de petroleros a través del estrecho de Ormuz ha sido detenido tras los ataques de Israel al Líbano”, sentenció la Guardia Revolucionaria.

La tensión se ha disparado no solo en el mar, sino en los cielos de la región. Mientras Irán bloquea el Estrecho, sus fuerzas han lanzado nuevos ataques con misiles y drones contra objetivos en Kuwait, Emiratos Árabes Unidos y Baréin, aliados estratégicos de Occidente que sufren la ira de un régimen acorralado. La Guardia Revolucionaria ha dejado claro que "no confía" en las promesas de paz, una postura que justifica la desconfianza histórica de los sectores conservadores hacia las negociaciones con una teocracia que utiliza el terror como moneda de cambio.

Por su parte, el presidente Trump ha mantenido su postura de fuerza, calificando la situación actual como una "victoria total" sobre la capacidad nuclear iraní. Según el mandatario, Irán tiene prohibido enriquecerse con uranio y Estados Unidos supervisará el desmantelamiento de los residuos en las instalaciones subterráneas devastadas por los bombarderos B-2. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, reforzó esta visión de dominio al asegurar que la base industrial de defensa iraní está tan degradada que el país ya no tiene capacidad para fabricar nuevos misiles a gran escala.

El conflicto en Líbano sigue siendo el punto de fricción que Teherán intenta utilizar para dinamitar el pacto. Mientras el mediador paquistaní sugería que la tregua era total, el primer ministro Benjamin Netanyahu ha sido contundente: la campaña para aniquilar a Hezbolá no se detiene. Para Israel, la tregua con Irán no es un cheque en blanco para que sus satélites se rearmen.

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