Ubicada a 30 kilómetros de la costa, la isla de Kharg es el pulmón económico de la República Islámica y la principal fuente de ingresos para la Guardia Revolucionaria. Según informes de Axios y funcionarios de la Casa Blanca, su toma está "sobre la mesa" como una medida decisiva para arrebatar el control de los recursos energéticos a los grupos que financian el terrorismo regional.
Jarrod Agen, director del Consejo Nacional de Dominio Energético de la Casa Blanca, reafirmó la postura de la administración de Donald Trump: "lo que queremos hacer es sacar esas enormes reservas de petróleo en Irán de las manos de los terroristas". Esta estrategia busca replicar modelos de presión máxima aplicados anteriormente para debilitar a regímenes autoritarios y recuperar la estabilidad en los mercados globales.

La importancia de Kharg radica en su infraestructura capaz de recibir superpetroleros, algo que el continente iraní no puede replicar fácilmente. Aunque Irán ha intentado diversificar sus rutas mediante la terminal de Jask, los analistas de JP Morgan coinciden en que la isla sigue siendo una "vulnerabilidad crítica" que, de ser atacada, detendría de inmediato el flujo de divisas del régimen.
Pese a las amenazas de Teherán de tomar represalias en el Estrecho de Ormuz, el mercado petrolero ha mostrado signos de calma tras las sugerencias del presidente Trump sobre un posible fin próximo del conflicto. La presión militar y económica se perfila como la herramienta clave para forzar un cambio de conducta en la República Islámica y proteger la infraestructura energética del Golfo.
Líderes regionales, como el israelí Yair Lapid, han apoyado públicamente esta vía, asegurando que destruir la industria energética en Kharg es lo que finalmente "aplastará la economía de Irán y derribará al régimen". Con fuerzas estadounidenses preparadas para posibles despliegues, la isla se mantiene como el epicentro de la estrategia para neutralizar la amenaza iraní de forma definitiva.